De nuevo hemos asistido a una sesión que prometía lo suyo y se quedo en algo bastante menos interesante que lo que apuntaba a media sesión. La culpa esta vez no fue de Europa, ni de Grecia, ni de los políticos. Esta vez la culpa fue de Irán, cuya televisión anunció suspensión de la venta de petróleo a España, Italia, Francia, Portugal y Holanda y que a pesar de los desmentidos de su propio Gobierno nos metió la desazón en el cuerpo.
También es cierto que al Ibex le metió más miedo que a los demás. Ya les comenté ayer que el selectivo español se encuentra en un momento muy delicado e iba rezagado toda la mañana respecto a los demás. Fue comenzar a subir el petróleo (llegó a repuntar dos dólares por barril) y el Ibex cayó en picado a la zona negativa, mientras que los picados del resto les permitieron mantenerse en positivo, excepto al FTSE londinense.
Previamente, al mercado le había sentado muy bien el PIB positivo francés del cuarto trimestre, cuando el consenso de analistas hablaba de caída, y había decidido obviar la contracción del PIB alemán, que ya estaba prevista. E incluso no se había tenido tampoco en cuenta la desaceleración de la Eurozona en el último trimestre del año, aunque su crecimiento se mantuvo positivo en una décima.
Pero lo que faltaba era Irán y contra los ayatolás hay poco que hacer. En el mercado no se sabe muy bien a qué carta quedarse con el anuncio y el desmentido iraní, un régimen que suele caracterizarse por tener bien atado todo lo que dice su televisión pública.
En fin, que al final el que pudo resistió y el que no pudo, pues cerró en pérdidas. El Dax avanzó un 0,44%, exactamente lo mismo que el CAC francés, en tanto que el FTSE perdió un 0,13% y el Ibex un 0,35%.
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