Los inversores andan con la mosca detrás de la oreja con el petróleo. En la víspera se disparó el precio entre fuertes rumores de explosiones en oleoductos saudíes (desmentidas tajantemente) y aunque el mercado estuvo más relajado y el precio cayó un 2%, todos los ojos están puestos en la escalada de la tensión nuclear con Irán y la entrevista Obama-Netanyahu de la próxima semana.
Cuentan en Wall Street que ahora que aparecen síntomas de mejoría y que la Fed ha dejado de estar interesada en nuevas medidas de estímulo, un aumento desbocado del precio de los combustibles cortaría la incipiente bonanza de raíz al provocar inflación y obligar a Bernanke a elevar los tipos de interés para combartirla, así que mentar una subida del petróleo en Wall Street es ahora mismo como mentar a la «bicha» en un corro de supersticiosos.
Y cuando los nervios afloran ya se sabe lo que ocurre con los índices, que se van hacia abajo como ha pasado esta tarde. ¿Notas positivas? La excelente reacción del Dow Jones, que en los últimos tiempo parecía ausente pero que cuando toca dar el do de pecho no se esconde. Lo peor, que dos valores cerraran a la baja por cada uno que subió, así como el raquítico volumen.
Al cierre, el Dow se dejó un 0,02%, el S&P 500 un 0,33% y el Nasdaq Composite un 0,43%
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