Me estoy volviendo loco. Unos decían que si ganaban solucionaban esto en un santiamén, otros decían que si ganaban levantaban el país sin despeinarse, otros que sin un duro se pueden hacer mil cosas; total, que ya ha habido elecciones, reelecciones en algunos sitios y seguimos igual.
Recortes, copagos, debería de ser repagos, apretarse el cinturón, las palabras y expresiones que nos acompañan desde hace cuatro años.
Por cierto, he apretado tanto el mío que se me ha roto. ¿Y ahora qué hacemos? Si ya no tenemos cinturón. ¿Qué nos apretamos? Algo encontrarán estos pillines de políticos, tan majos ellos para ayudar a apretarnos más.
Me viene a la mente la imagen de ese señor escuálido, con los pantalones atados con una cuerda, con la camisa desabrochada, y un palo al hombro con un atillo con sabe dios qué, atado en la punta y mirando a la cámara fotográfica con una mirada extraña, y con una media sonrisa que deja entrever una boca que no dio de comer a los dentistas.
Ufff…, paso página, no quiero ni pensar en estas imágenes, aunque ya decía mi abuela que para construir hay de destruir, o viceversa, que para dar hay que tener, que para comer hay que trabajar, que para saber hay que estudiar, que para solucionar hay que ser generoso y que para amar hay que tener corazón.
¿Ya hacemos bien todas estas cosas?
Bueno, antes de pegarme un tiro en el pie, me voy a pegar un real homenaje con una receta que voy a preparar y que tomen nota porque uno de sus ingredientes es la patata, alimento vital en las posguerras.
Estoy realmente pesimista. A ver si comiendo se me pasa.
Hachis parmentier
Como todo lo nuevo es siempre criticado, las patatas o papas tuvieron un inicio bastante difícil en su introducción en Europa.
Durante la conquista de América, al principio la papa fue despreciada, ya que, ¿cómo iban a comer una raíz? Por aquel entonces no había costumbre de consumir raíces para los “estirados europeos”.
Era impensable adaptarla como un alimento de la dieta diaria. Inclusive cuentan las leyendas europeas que este tubérculo era causante de la lepra. En Rusia la llamaron «planta del diablo», los católicos, como siempre con su religión a cuestas, decretaron que era pecado consumirla pues no se mencionaba en la Biblia.
Los que no sabían qué decir contra la patata opinaban que causaba «flatulencia». En fin, que ya para entonces se creaban leyendas urbanas y ,en este caso, se creó una para evitar el consumo de este alimento.
Y para rematar la faena, limitaron su uso al ganado y los más “guays” de la época lo usaron como una planta de decoración.
Pero como nunca hemos vendido nuestros éxitos como se debe, y ni siquiera somos capaces de conservar nuestros descubrimientos, hubo quien sí se interesó por esta raíz. Ese fue, cómo no, un francés, Antoine-Augustin Parmentier, farmacéutico del ejército francés que en la Guerra de los Siete Años fue prisionero de Federico «El Grande» y durante tres años le trataron como a un animal dándole de comer patatas y así subsistió.
En vista de que comiendo patatas se puede vivir y que además eran sanas, Parmentier aconsejó al Rey Luis XVI que estimulara el cultivo de la patata entre los campesinos.
Cuenta la leyenda que el rey hizo sembrar las patatas a los soldados y que éstos debían de vigilar la siembra durante el día, pero abandonaban la custodia por la noche.
Los campesinos y las gentes del pueblo veían que allí pasaba algo grande. «Si el Rey lo cuidaba de tal forma, es porque era algo muy bueno». Así que se dedicaron a robar la simiente y a plantarla para ellos.
Hoy en día, gastronómicamente hablando, todos los términos “Parmentier” están relacionados con la patata, es decir, que nuevamente un francés se lleva los honores de lo que nosotros conseguimos.
¡Ven como nada es lo que parece! Ni Parmentier viene de parmesano, ni en este caso Achís se fuma.
El Achís que se fuma proviene de la palabra Assis o Hachís, que es la palabra ya castellanizada, y que es derivada de los hassassins, miembros de una secta famosa por sus asesinatos que se ponían tibios a fumar hierba.
Ingredientes para 4 personas:
-25 cl. de vino blanco
– 2 cebollas
– 2 dientes de ajo
– Mantequilla
– 2 tomates pequeños
– 400 g. de carne picada (ternera)
– Harina
– Sal y pimienta
– Surtido de finas hierbas, los hay de frasquito magníficos.
– 1 yema de huevo, según la receta tradicional, pero como luego no sabríamos qué hacer con la clara, batiremos el huevo con su clara incluida.
– Queso parmesano
– Puré de patatas, vale con el de sobre, eso sí, de los que hay que añadir leche, no de los que vienen con la leche incorporada.
– Queso rallado
Preparación:
Sofreímos las cebollas y el ajo picado mezclado con un buen pedazo de mantequilla (lo de la mantequilla es muy francés, así que nosotros podemos utilizar aceite de oliva).
Añadimos la carne picada, el vino, lo rehogamos un poquito, a continuación agregamos el tomate picado, una cucharada de harina, sal, pimienta y las finas hierbas.
Cuando se fríe todo, apagamos el fuego y añadimos la yema de huevo y el queso parmesano.
Mezclamos bien. Preparamos el puré de patatas. Extender la carne picada que hemos preparado en la fuente que vamos a meter en el horno, por encima ponemos el puré de patatas.
Espolvoreamos con el queso rallado parmesano y lo metemos en el horno a gratinar.
¡Buen provecho!
Patricio Sesma Granell es Director del Restaurante Bokado Madrid
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