Está visto que no ganamos para enemigos y que pusimos al lobo a cuidar las ovejas. Sigo sin entender qué pinta Mario Draghi al frente del BCE cuando fue el personaje que estaba al frente del Goldman Sachs en Europa cuando este banco ayudaba a Grecia a ocultar su abultada deuda. Sin duda, este pecado original lleva a que se quiera redimir por la vía de la penitencia excesiva, que no hay nada peor que un converso, y lo demuestra cada vez que tiene ocasión. Esta vez, todo iba sobre ruedas hasta que Draghi habló y dio la vuelta a la tortilla.
Tan bien iban las cosas que el Ibex se apuntaba una subida del 2%, que ya es ir bien en estos momentos, pero tuvo llegar el presidente del BCE a meter el dedo en la llaga y reiterar lo que ya sabemos todos: que la cosa está difícil y el futuro es incierto. Dicho por mí esto no tiene ningún valor, pero dicho por el sujeto que tiene a su cargo la política monetaria europea, pues sí lo tiene.
Este individuo se ha alineado sin fisuras con la terca postura alemana y subraya que lo del crecimiento le parece bien, pero siempre que se mantengan los ajustes, los recortes y todo lo demás. Y, además, que a él no le miren que no tiene nada que decir sobre estímulos de ningún tipo. Vamos, que se la bufa olímpicamente.
Me hizo una gracia especial su análisis de la inflación. No bajará del 2% este año y culpa de ello a las subidas de impuestos obligadas por los ajustes que exigen Alemania y el propio BCE. la pescadilla que se muerde la cola, ya que el objetivo del BCE es mantener la inflación por debajo del 2%. En resumidas palabras, vino a decir que nos olvidemos de tipos más bajos que se han demostrado un éxito (junto a otras muchas cosas que aquí no se hacen) en Estados Unidos.
Curiosa paradoja esta de que la medicina que exige a Europa el BCE le hace incumplir su principal objetivo fundacional. ¿Ven cómo todo es Kafkiano? Tanto como venir a Barcelona a reunirse, supongo que para cobrar dietas y salir de la aburrida Fráncfort. Nos ha costado un dineral la seguridad del evento y encima nos dicen en casa que verdes las están segando y asi van a seguir las cosas. Ya le podían haber aplicado la restricción de Schengen a este tipo, digo yo.
No es que nadie esperara oír de labios de este mentecato otras cosas, pero sí se esperaba algún gesto de optimismo que no le salió ni siquiera cuando hablaba de su «convicción» de que el segundo semestre será mejor. Este hombre es más triste que Durao Barroso y tiene menos tablas aún que Trichet, que ya es decir. ¡¡Quién me iba a decir a mí que iba a echar de menos al loco Duisenberg!!
Dijo eso del segundo semestre casi de refilón e inmediatamente volvió a los riesgos y desafíos que afronta Europa. Nos viene ahora con que hay que profundizar en el mercado interior sin darse cuenta de que en algunos casos se ha profundizado ya tanto, que le han hecho un agujero al mercado que lo han dejado sin fondo. Grecia, Portugal, Irlanda, España y la propia Italia están para pocas profundizaciones y sí para políticas decididas de crecimiento.
¿Qué tiene que ocurrir para que se den cuenta? Los alemanes ya empiezan a ver más de cerca los problemas y asisten atónitos a una toma de su propia medicina. Hoy se ha sabido que el paro sube en Alemania. Señora Merkel, incluso sin profundizar en el mercado único como quiere Draghi, si en España e Italia las cosas van mal, sus empresas venden menos coches, menos lavadoras y menos maquinaria industrial.
En fin, que me solivianto con estas cosas que son de perogrullo y luego me olvido de que ustedes ya saben todo esto. Creo que sigo escribiendo en la falsa ilusión de que algún día alguien de la Embajada alemana me lea y le haga revolverse las tripas, lo traduzca y se lo envíe a la jefa de Europa. Pero no ocurrirá…
Vayamos al resultado de todo esto. Que el mercado tuvo claro que no van a hacer nada, absolutamente nada y que no se salen del guión. La orquesta del Titanic ha hecho un bolo en Barcelona, nada más que eso. Pero elo mercado esperaba algo. No sé, un guiño, un dato alentador, algo. Pero no hubo nada nuevo.
Evidentemente, lo que tenemos ya sabemos dónde nos ha llevado así que más de lo mismo es complicado que nos lleve a algún sitio mejor, por lo que los inversores plegaron velas de nuevo y se dispusieron a abandonar Europa por enésima vez. Luego diremos que los especuladores y todas esas cosas, pero en estas condiciones lo más razonable es abrir un corto en Europa y dejarlo un añito funcionando.
Si le sumamos que la apertura de Wall Street se vio perjudicada por un mal dato del ISM de servicios tenemos un panorama en el que las fuerzas se escaparon con la misma velocidad o más que con la que habían aparecido a primera hora de la mañana.
Lo más llamativo fue la lucha del Ibex por intentar cerrar en positivo. Junto al FTSE fue el que más batalla presentó, seguramente por aquello de que la caída de la víspera ha dejado el terreno abonado para los cazagangas que esperan un nuevo rebote en los 6.800 puntos. Yo no me fiaría, pero esta es la única explicación que encuentro.
Tanta insistencia tuvo premio y el Ibex cerró con una ganancia del 0,29%, logrando arrastrar a loa zona positiva al FTSE, que avanzó un 0,15% y al CAC, que subió un ínfimo 0,09%, en tanto que el Dax perdía un 0,24%. Por obra y gracia de Mario Draghi, que dio la vuelta a la tortilla.
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