Tanto el Partido Popular como el Gobierno han sido extremadamente prudentes en su valoración de la victoria de Hollande y las únicas reacciones emitidas han sido de mera cortesía diplomática hacia la victoria del representante socialista. Todo ello muestra hasta que punto se ha producido una decepción entre los populares españoles por la derrota de Sarkozy, cercano ideológicamente a ellos.
Sin embargo, el hecho de que la victoria de Hollande sea algo más que un cambio político en Francia hasta afectar a los cimientos de la política económica europea actual va a obligar al Gobierno español a decantarse por uno de los dos frentes en liza que ya se apuntan, es decir, el rigorismo alemán y la suavización francesa.
De momento Mariano Rajoy, fiel a su estilo, prefiere al menos públicamente, nadar y guardar la ropa. El mismo lunes Rajoy declaraba a Onda Cero que su obligación es «entenderse» y llevarse «lo mejor posible» con el nuevo presidente francés para defender los intereses generales de España. Y en un alarde de malabarismo dialéctico añadía que que las políticas que defienden Merkel y Hollande son «plenamente compatibles» porque se necesita austeridad y crecimiento económico. No deben pensar igual los dirigentes alemanes y franceses que ya han empezado a enzarzarse en discusiones sobre estos asuntos.
Hollande ha llegado a la presidencia francesa con la propuesta de llevar a Europa una renegociación del pacto fiscal para suavizarlo y proponer un nuevo pacto de crecimiento para complementar la dureza de la disciplina impuesta por Merkel.
Pero los alemanes ya han dejado claro este mismo lunes que no están por la labor de renegociar la disciplina presupuestaria y que su apuesta sigue siendo la misma, es decir rigor y crecimiento mediante reformas estructurales.
En medio de esta batalla dialéctica que no ha hecho más que comenzar, el presidente del Gobierno español dejó claro el mismo lunes por la mañana en unas declaraciones radiofónicas que no piensa variar ni un ápice la política de ajuste practicada y anunciada hasta ahora como la posibilidad de subir impuestos lo que le sigue alineando con las tesis alemanas.
Y eso que, de aplicarse el menor rigor presupuestario que proponen los franceses, el alivio sería mayor para los españoles. No obstante, el Gobierno de Rajoy parece también confiar en que el seguimiento incondicional de la política de Merkel le facilite que sean las propias autoridades comunitarias las que le permitan un cierto margen de maniobra a la hora de aplicar el rigor presupuestario. De hecho, la Comisión europea señaló este lunes que tendrá en cuenta la situación económica de España para decidir si le da más tiempo para reducir el déficit al 3% del PIB.
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