No se extrañen por el titular. Asistimos a un cursillo acelerado de cuando el Gobierno es capaz de hundir a su Bolsa, en este caso al Ibex. Ni hecho a propósito podrían hacerse las cosas tan mal, o tan bien en función de los intereses que uno defienda y tampoco se extrañen por esta afirmación, que trataré de explicarla convenientemente.
Van dos aproximaciones a lo que debe ser una reforma financiera y ahora se amenaza con una tercera que tampoco resolverá el problema. Es increíble cómo el sistema financiero más seguro del mundo, el español, que era la envidia de los europeos y estadounidenses por sus dotaciones obligatorias, es en este momento el centro de una tormenta mundial sin precedentes. Y digo sin precedentes porque las valoraciones que se efectúan por ahí ya exceden con mucho lo de Lehman Brothers.
Partamos de la base de que este Gobierno se ha encontrado un pastel de lo más estropeado porque quien tuvo que crear un banco malo no lo hizo, pero partiendo de esta base habrá que asumir que si llega al Gobierno es para arreglarlo y no para empeorarlo. Increíblemente, dos reformas financieras no han sido suficientes y ya se anuncia una tercera, con lo que la imagen de España, de la que tanto se quejaba el señor Rajoy desde la oposición, no mejora demasiado porque parece que se va legislando a medida que se van encontrando nuevos pufos. Con el nuevo Gobierno llegó la primera , con la CAM, la segunda y ahora con Bankia va camino de llegar la tercera. Esperemos que no surjan más entidades con problemas porque podemos llegar al infinito.
¿De dónde parte el problema? Sencillo, de que no se puede dar dinero a cambio de acciones a entidades como las cajas, que ya son públicas. Alemania o el Reino Unido han hecho eso con sus bancos en problemas y saldarán la cuenta vendiendo acciones, pero las cajas, esos juguetes con los que tanto se han divertido nuestro politicastros de toda índole, no son salvables por esta vía, así que debería haberse creado el banco malo, como hizo también Alemania para los bancos de los lander.
Lo que se hizo fue forzar a esas cajas a convertirse en bancos, con acciones y cotizados, de forma que el mercado respaldara o no sus actuaciones. Está claro que a Bankia no la han respaldado y el Estado tiene ahora que comerse el marrón porque, seamos claros, no le queda otra posibilidad. Llegados a este punto sería fácilmente imaginable que si tiene que «nacionalizar» Bankia quiera hacerlo al menor coste posible y hundir sus acciones en Bolsa es fácil. Tan fácil que Cristina Fernández lo hizo con las acciones de YPF antes de expropiárselas a Repsol.
Si esta no es la jugada no entiendo cómo es posible que las acciones no hayan sido suspendidas de cotización por la CNMV. Si alguna vez han «concurrido circunstancias que pudieran alterar la normal negociación de los títulos» en algún valor de la Bolsa española, desde luego este es de libro. Pues bien, la CNMV estima que todos en el mercado tienen la misma información en esta jugada de póker y la cotización no ha sido suspendida en ningún momento, ni cuando la entidad no presentó las cuentas auditadas en tiempo y forma.
¿Qué se podía haber hecho mejor? En mi opinión, todo, pero fundamentalmente la política de comunicación hace aguas por todas partes. Nadie sabe a qué atenerse, todo el mundo va por libre, el jefe pasa del silencio más absoluto a una entrevista «sincera» que pone todo patas arriba pero que tampoco aclara nada. Si hay que hacer algo en Bankia debería saberse desde el lunes, cuando arreció la tormenta. O mejor, desde el día que el FMI señaló con el dedo a la entidad presidida por su antiguo jefe (parece que no le recuerdan con especial cariño por aquellos lares). Pero no. No se dijo nada y siempre se ha ido a remolque de lo que unos y otros han publicado. Una estrategia de comunicación clara recomendaría coger el toro por los cuernos y tratar de ir por delante de los acontecimientos, pero parece que todo les viene grande.
No se crean que esa sensación es cuestión baladí. Parece un Gobierno de aficionados tratando de resolver la mayor crisis financiera de la historia de España y, créanme, desde fuera todo esto se advierte amplificado porque no se conocen tan bien los entresijos que pueden llevar a tal o cual actuación. De esta forma, el Ibex ha pasado dos días resistiendo como un jabato mientras el resto caía por los temores a Grecia. Aquí cabía la esperanza de que lo de Bankia se arreglara rapidito de forma aseada, pero a tres días vista del lunes el mercado se ha hartado. No hay soluciones y la posición del Gobierno es cada vez más pintoresca.
Primero, ha dejado entrever que ha fulminado a Rato y que Goirigolzarri es su hombre, pero parece que ha lanzado a este hombre sin paracaídas, es decir, que llega sin dinero debajo del brazo. Habrá que esperar al viernes, pero dada la pusilanimidad del Gobierno y la tormenta que se ha montado comparando recortes con la ayuda que va a necesitar Bankia (una buena política de comunicación hubiera explicado desde mucho antes que una cosa y la otra son absolutamente independientes y que no se recorta de aquí para dárselo al banco tal) es de esperar cualquier cosa.
¿Ven por qué es el Gobierno quien hunde al Ibex? Luego nos vendrán con los malvados especuladores que nos llevan a las nubes la prima de riesgo y ya no trago más por ahí. La prima de riesgo es un termómetro y no la causa de las cosas. Y que el Ibex se hunda, exactamente lo mismo. Aquí no hay una confabulación de intereses contra España. No somos tan importantes. Lo que hay por ahí fuera es un miedo atroz a que esto nos explote a todos en la cara y, desde luego, lo que va haciendo el Gobierno no contribuye a generar tranquilidad.
Pues eso, a aplicarnos el cuento y a reaccionar, que aún estamos a tiempo de hacer las cosas bien. De momento, el Ibex no ha roto el soporte y se ha quedado a las puertas de los famosos 6.800 puntos al cierre. El mercado concede unas horas más al Gobierno y habrá que aprovecharlas, pero puede ser la última oportunidad porque el resto de Europa ha vuelto a desentenderse de España y el Dax ha decidido emprender el camino al norte mientras nuestro Ibex viraba al Sur. Es lo que tiene tener una economía saneada y que las cuentas que van presentando tus empresas sean buenas.
Al cierre, el Dax subió un 0,47%, en tanto que el CAC caía un 0,20%, el FTSE un 0,44% y el Ibex un 2,77%. Son las «pequeñas diferencias» entre España y el resto de Europa. Nos han dado oportunidades y este es el último aviso. Si no hacemos caso, tendremos que titular «cuando el Gobierno hunde al Ibex; lección 2″
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