Cuentan los que la han recibido que la invitación a la Cumbre Europea «informal» de esta noche señala expresamente que ningún asunto será «tabú» y el mercado ha decidido a la vista de los deseos de Herman Van Rompuy mandar un mensaje alto y claro a los políticos que esta noche cenarán en Bruselas: hagan ustedes algo y háganlo rápido, tanto en el asunto griego como en el respaldo a la deuda de los países en problemas. Mucho me temo que no lo harán, ni lo uno ni lo otro.
Por mucho que el rebote de los últimos días parezca una ocasión propicia para una subida que vaya algo más allá del simple rebote técnico, lo cierto es que los inversores no pueden abstraerse por completo de lo que les rodea. Y en el caso europeo lo que rodea a los mercados es un auténtico caos.
Con Grecia pendiente de un alero, los unos y los otros parecen más pendientes de chantajearse sin pararse ni un minuto a hacer las cuentas, que demuestran claramente que si Grecia abandona el euro no tendrá una recesión, sino una depresión con inflación galopante y que, en el otro lado, se van a quedar muchos sin cobrar, empezando por el BCE. Y es que este BCE tan escrupuloso con España y la compra de deuda no ha actuado de la misma forma con Grecia. Ha aceptado incluso financiar a los bancos griegos sin colateral, que se dice pronto y le deben un dineral, seguramente el que no puede gastarse en respaldar a las deudas española e italiana para evitar que sean el siguiente objetivo de un rescate en toda regla.
En la otra cara de la moneda, si Grecia permanece en el euro, que es lo más lógico para todos, las ayudas deben mantenerse y las condiciones también, pero debe ponerse en marcha desde hoy mismo un plan de estímulos que permita un respiro al futuro Gobierno que salga de las urnas. Bien está la exigencia, pero sólo apretando el cuello se ahorca, no se consigue nada más.
¿Qué pide el mercado? En realidad, se lo he dicho muchas veces, el mercado no pide nada, el mercado espera. Y lo que espera es que se dé algún paso que demuestre que Europa tiene capacidad de actuación. Que por mucho que se trate de una reunión informal, sirva para algo ya que las formales tampoco es que sirvan para mucho. No espera mañana los Eurobonos, que es una opción a futuro, pero que a mucho futuro, pero sí una cierta relajación respecto a la compra de deuda por parte del BCE o una aclaración fundamental respecto a Grecia consistente en que digan claro si van a seguir rescatando al país en el supuesto de que abandone el euro.
Porque, increíblemente, a estas alturas de la película los griegos tienen un plan de contingencia por si no les queda otra que salir del euro, pero hasta donde es público la UE sigue sin definir si es posible abandonar el euro y no la UE, o si es posible no pagar ni cumplir sus compromisos y seguir recibiendo dinero. Han jugado a la ambigüedad y el mercado no está para ambigüedades.
P0r eso me hace tanta gracia que la culpa la tengan los mercados y los malditos especuladores a los que todos estos politicastros se lo están poniendo a huevo. Tan a huevo como que esta mañana antes de la apertura era un clamor lo que iba a ocurrir, aunque al final ha sobrepasado mis previsiones más pesimistas, hasta el punto de que el Ibex ha cerrado en nuevo mínimo anual.
¿Damos con concluido el rebote? La verdad es que puede pasar cualquier cosa y los mercados europeos están jugando con fuego desde hace meses, pero técnicamente aún es posible mientras Wall Street no se despeñe. Cierto es que el panorama no era muy alentador al cierre de los mercados europeos, pero resistía a duras penas al otro lado del Atlántico. A este lado estamos definitivamente al borde del abismo.
Al cierre, el Dax perdió un 2,33%, el FTSE un 2,53%, el CAC un 2,62% y el Ibex un 3,31%. Cifras que hablan por sí solas y lanzan un mensaje alto y claro a los políticos. ¿Serán capaces de escuchar?
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