La comunicación, cada vez está más claro, no es el punto fuerte del Gobierno. Lo demuestran cada vez que abren la boca delante de un micrófono, ora Rajoy tratando de explicar lo inexplicable en Bankia, ora Montoro diciendo las cosas exactamente como no deben decirse en la radio. Un bozal para Montoro, por favor, y es urgente, porque como vuelva a abrir la boca nos puede salir muy caro.
Señor ministro, si tenemos los mercados cerrados, acuda a Bruselas y pida el rescate cuanto antes, pero calladito. Y si no tenemos los mercados cerrados, sino simplemente caros por una mala herencia y una nefasta gestión, se explica usted mejor en la radio y no dice lo que no debe decir. No es porque aquí no se le haya entendido, que más o menos a la segunda o tercera le hemos visto por dónde iba, sino porque fuera no entienden de sutilezas del lenguaje y de giros retóricos. Usted ha dicho lo que ha dicho y punto.
Y lo peor es que este tipo de declaraciones alientan los rumores (ni un dato que lo demuestre y mira que he buscado) de que no hay demanda de bonos españoles en las cámaras de compensación de deuda europeas y llegan en días en los que el comentario unánime de medio mundo es que España se está resistiendo a un rescate que se le demanda desde Alemania. Total, que todo se junta, se mezcla y se arma un barullo y por mucho que ahora usted diga que no quiso decir lo que dijo, el Financial Times y el Wall Street Journal han encontrado sus titulares del día.
Pero lo peor de todo es que dentro de dos días tenemos subasta de deuda y el señor Montoro ha hecho un flaco favor al Tesoro. ¿Qué despistado va a venir ahora a pedir bonos en la subasta? Por mucho que haya dedicado usted parte de la tarde a aclarar que no dijo lo que dijo y que se ha limitado a pedir «más Europa», el daño está hecho. Prueba de ello es que el Ibex iba camino de otra sesión triunfal desde la apertura y entre que el PMI no salió bueno (ni tampoco peor de lo que se esperaba, por cierto) y que las palabras del ministro helaron la sangre de casi todo el mundo en el mercado, al final la sesión no fue ni buena ni mala. Ni chicha ni limoná, que dicen por ahí.
Por si fuera poco, todo este tinglado se monta en un momento de extrema debilidad del Dax, demasiado afectado en mi opinión por los malos vientos procedentes de China y por los pésimos huracanes que proceden de Europa. Es como si el Dax se hubiera convertido por unos días en el Ibex y se mostrara tan hipersensible a todo como suele mostrarse el selectivo español. Y para colmo, Londres sigue cerrado por «fastos reales», con lo que nadie aporta la necesaria dosis de calma que se necesita en el mercado. Mucho ojo al Dax, que si no frena ya, pero ya, tiene al menos 200 puntos de caída asegurada, que se dice pronto. Se me ocurre que Merkel llame a Rajoy para que amordace a sus ministros y se autoamordace él mismo.
Está la cosa pendiente de un hilo y todo el mundo con la mosca detrás de la oreja. Lo que es evidente es que hay una guerra soterrada de impresión, con reunión telefónica del G-7 incluida que no ha servido absolutamente para nada (supongo que nadie pensaría otra cosa). Decir que seguirán de cerca los acontecimientos en Europa es como tener tos y rascarse la barriga. Otra banda más que apuntar a la lista y miren que la lista es larga…
En fin, que al final seguimos inmersos en la eterna duda, aunque París quiso aportar algo de claridad a la jornada y tiró con una fuerza no acostumbrado en los últimos tiempos. Esperamos como agua de mayo la vuelta a la actividad en la City para revalidar o no la mejoría en el Ibex y, sobre todo, para buscar un mínimo de ayuda al Dax.
Al cierre, el Dax perdió un 0,15%, en tanto que el CAC avanzó un 1,07% y el Ibex un 0,45%. Estos son los resultados de no haber puesto en su momento un bozal a Montoro.
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