Mientras en Europa andan tentándose el bolsillo y rasgándose las vestiduras en forma de primas de riesgo a costa delo rescate a los bancos españoles, en Wall Street van a lo suyo y tras una jornada en la que se dedicaron a dejarse amedrentar por los temores procedentes de la Eurozona han pasado exactamente al extremo contrario y a la teoría de «cuanto peor, mejor».
Y es que en Wall Street ven cada vez más cercano e inevitable el momento en el que la Fed anuncie de forma oficial la puesta en marcha de una nueva ronda de estímulos. Con Europa a la deriva y la economía estadounidense aún debilitada, Obama necesita con urgencia una inyección de optimismo en el mercado y eso solo lo puede conseguir la Fed. A estas alturas de la película, al otro lado del charco ya saben que dependen de sus propias fuerzas y que de la Unión Europea solo pueden esperar nuevos problemas, así que el sentimiento general indica que Bernanke prepara una nueva batería de estímulos.
En Estados Unidos lo tienen claro. Hay que hacer cualquier cosa con tal de no caer en una segunda recesión y lo cierto es que están en el filo de la navaja, con la incipiente recuperación pendiente de un hilo como consecuencia de lo que ellos consideran factores absolutamente externos. Tienen la sensación de que ellos han hecho las cosas bien y están pagando, por aquello de la globalización, culpas de otros que no las han hecho ni bien ni rápido. Y Obama ha perdido ya la paciencia y ha empezado a nombrar a Europa en cada ocasión que ha tenido en las últimas semanas, y no de forma halagadora precisamente.
En estas condiciones, los índices americanos dedicaron la jornada a un maratón alcista con cierres en zona de máximos incluido, confirmando la sensación de que tienen fuerza para conquistar cotas superiores, si les dejan. Al cierre, el Dow Jones subió un 1,31%, el S&P 500 un 1,17% y el Nasdaq Composite un 1,19 %. Van a lo suyo, pero porque pueden y saben.
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