El objetivo básico de Telefónica en la etapa actual es reducir deuda, ya sea con la venta de activos que aporten fondos o a través de una mayor racionalidad en costes e inversiones. Sobre este segundo aspecto se enmarca el acuerdo alcanzado por Telefónica con uno de sus competidores de México, el grupo de telefonía móvil Iusacel, pero además en esta alianza subyace la importancia que el país azteca tiene para la operadora española. A partir de ahora Movistar, que será la nueva marca comercial de Telefónica México, y Iusacell intentarán ofrecer la red más rápida de la nación, a la que tendrán acceso los usuarios de ambas empresas de telecomunicaciones.
La alianza tiene también como objetivo dejar atrás un cierto estancamiento en inversión y desarrollo de las tecnologías que han afectado a ese país, especialmente en las zonas rurales. El acuerdo incluye el despliegue de nuevas infraestructuras de última generación de manera conjunta y la ampliación de la fibra óptica en 36.000 kilómetros. El pacto permitirá aunar emplazamientos, redes, torres, radio bases y algunos de los servicios a clientes, como el wifi, lo que supondrá un sustantivo ahorro de costes materiales y operativos. Aunque el acuerdo no es similar, comparte aspectos con el firmado para Gran Bretaña por el grupo que preside César Alierta y el líder Vodafone. La competencia que existe en los dos casos entre los suscriptores de las alianzas no es un obstáculo insalvable para las medidas, por más que supongan una reducción la independencia en algunas decisiones operativas o de inversión.
México es uno de los mercados más importantes para Telefónica, en donde cuenta con una cuota de mercado del 22% y con más de 20 millones de clientes totales, de los que más del 94% está en móviles. Pero allí se enfrenta a un poderoso rival: América Móvil, el grupo propiedad del magnate Carlos Slim, otro tema decisivo que está detrás de la unión de fuerzas entre Iusacel y la operadora española.
Pero por delante de todos los objetivos, Telefónica quiere dejar patente a los inversores, analistas y agencias de rating, que va a mejorar sus ratios financieros. Con una deuda de 55.150 millones y un Ebitda (resultado bruto de explotación) de 21.420 millones, los expertos estiman que la relación no el más idónea y que deberá rebajarla para volver a ganarse el favor de los mercados. A estos acuerdos, a la venta de una parte de China Unicom, seguirá la colocación en Bolsa de algunas filiales y otras desinversiones, aunque algunas se enfrenten a sustantivas dificultades.
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