«¡Que se jodan!». Andrea Fabra se ha equivocado de todas todas. Que diga que no ha dicho lo que ha dicho, cuando hasta los que no saben leer los labios, lo han podido leer perfectamente, además de irrespetuosa -por no bajar hasta su nivel-, nos presupone tontos.
En tiempo coincidió ese ¡que se jodan! cuando el presidente del Gobierno anunciaba el recorte a las prestaciones de los parados. ¿Coincidencia?, porque miren que hubo bulla durante toda la comparecencia de Mariano Rajoy para explicar los recortes, tijeretazos y pasada de revoluciones que nos esperan en los próximos dos años.
Pero vamos a darle un punto inmerecido de confianza a esta niña de papa, de papa Fabra que tan de cabeza ha puesto su gestión en Castellón por lo que ha sido imputado. Supongamos, que como dicen sus superiores del PP, se lo dijo a sus adversarios socialistas. Por lo menos barriobajera e impropio de una representante de la soberanía popular, también es.
Normalmente, cuando faltan las razones se echa mano del insulto. Y puestos a su nivel, evidentemente, con las medidas del Gobierno nos podemos dar todos por “jodidos”, bueno todos, menos la diputada castellonense por lo que se ha oído y visto.
No es de extrañar que desde el PSOE hasta en todas las redes sociales pidan su dimisión. ¡Que se vaya al paro! es lo más suave que se puede leer. La pena es que dada la fortuna familiar (sobre cuya procedencia, en parte, según estudian los tribunales hay dudas) no tenga que vivir de ese subsidio recortado, sin posibilidades de encontrar un puesto de trabajo (seguro que alguien la “enchufará” por ese supuesto tráfico de influencias) para vivir en carnes propias lo que están sufriendo los ciudadanos de a pie, alguno de los cuales, confiados en un programa electoral, hasta la votaron.
En la academia de la calle, Andrea parece una niña pija, que pese a los delitos tráfico de influencias, cohecho y fraude fiscal por los que ha sido imputado su padre como presidente del PP de Castellón desde hace ocho años, ha salido indemne. No son tiempos de insultos en el Congreso, sino de arrimar el hombro y de transmitir tranquilidad. Lo que sí es evidente es que siempre es tiempo de respeto en el Congreso, dejando de calentar un ambiente más que enrarecido por la crisis… un ambiente en el que ya empieza a olerse el miedo.
Si hay que insultar… a bote pronto se me ocurre decir ¡que se joda la crisis! que parece que es la única que no ha respetado a casi nadie. Claro que algunos diputados populares gritaron a los parados ¡que trabajen! Dada su absoluta incapacidad para sacarnos de la crisis, cuando menos resulta paradógico.
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