Fue dueño de un imperio y hasta le eligieron patrón de patronos. Pero lamentablemente la crisis destapó lo que había detrás de este empresario de altos vuelos. Lo último que acabamos de conocer es que desvió 4,9 millones de euros a Suiza. Ahora que estamos en pleno rescate, que las empresas supervivientes se están comportando como los galos supervivientes de una aldea irreductible, que todos estamos «tocados» por los maleficios de la situación económica, que nos esperan más momentos agrios y que nadie sabe cómo acabará todo esto… Gerardo Díaz Ferrán es el paradigma de lo que algunos empresarios hicieron, favorecidos por el ensueño de un ciclo económico que hizo poderosos a unos, mientras a otros nos llamaron despilfarradores.
Despilfarramos por comprarnos viviendas a precios inalcanzables. ¿Quién los subió? ¿Quién permitió que subieran a aquellos niveles? Y ahora todos lamentamos aquella burbuja y estas miserias desahuciadas. Despilfarramos porque nuestros sueldos crecieron moderadamente acuerdo tras acuerdo entre patronal y sindicatos, mientras los beneficios empresariales sobrepasaban los límites del 30%. Éramos envidiados por la velocidad con que se creaban empleos, mientras el fracaso escolar se escondía con jóvenes trabajando en la construcción con sueldos estratosféricos para su edad. Crecíamos más que nadie, nos endeudábamos más que nadie, pero no pasaba nada. España había entrado por la puerta grande del consumismo a gran escala.
Aquel fue un círculo virtuoso en el que los altos cargos de las empresas superaban el millón de euros anual (la crisis del sistema financiero ha puesto en evidencia lo que cobraban, y todo suena a que la banca es sólo la punta del iceberg), mientras España se poblaba de mileuristas y ni la buena marcha de la economía lograga pisar la temporalidad a niveles europeos. Y Díaz Ferrán fue un empresario más, de los que se enriquecieron y fueron atraídos por el poder de dirigir una asociación como la CEOE.
Pero veamos la trayectoria para entender cómo se han hecho en España las cosas para llegar a donde estamos. En el ámbito público ya se conocen muchos despilfarros a base de aeropuertos cerrados, ciudades de la cultura inservibles, museos abandonados ya que ni se pueden mantener, autovías por donde pasan como mucho diez vehículos diarios, y macroobras que tendrán que seguirán pagando hasta nuestros nietos… En el sector privado, muchas empresas han tenido que irse a pique por falta de liquidez, y otras porque se ha puesto de manifiesto su «falsa» estrategia, que servió para enriquecer a unos pocos y llevar a varios miles al desempleo.
Lo que comenzó como una empresa de transporte de autobuses, que se expandió y alcanzó también una de las agencias de viajes más punteras, se perdió en la época de las vacas gordas en un entramado de sociedades que abarcaba demasiados sectores y hasta la nubosidad del caso Gürtel. Política y dinero hacen una ecuación que en algunos casos ha acabado en corrupción. Y el nombre de Díaz Ferrán siempre anduvo por esos «mentideros» cuya carga de veracidad llegó a la suspensión de pagos a todo el imperio que había creado junto con el recientemente fallecido Gonzalo Pascual.
Viajes Marsans, Air Comet, Seguros Mercurio, un entramado de inmobiliarias… que han dejado un agujero de más de 417 millones de euros. También desde el sector privado se puede arruinar un país. Las cajas de ahorros son también la prueba más palpable.
La última aventura de Díaz Ferrán también le ha salido mal. Le han pillado evadiendo 4,9 millones de euros a Suiza. A quienes nos acusan de despilfarrar, ya nos hubiera gustado tener ese dinero para mover de país. Lo dicho, Díaz Ferrán, paradigma de desmanes.
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