Los inversores andan de los nervios y con razón. Mañana, la Fed. Pasado mañana, el BCE. Y en ambos casos las cosas están cada vez menos claras.
Los que hace apenas unos días apostaban sin dudarlo por nuevos estímulos por parte de la Fed resulta que ahora indican que «quizá Bernanke dé un pequeño paso, pero no es previsible que se anuncie un auténtico programa de estímulos». Las expectativas se han deshinchado coincidiendo con el globo que se iba inflando en Europa y que finalmente parece perder aire cada minuto que pasa ante los nuevos indicios de cerrazón alemana.
Las esperanzas de que la situación europea pueda entrar por fin en una fase de estabilización en lo que a la prima de riesgo se refiere y, por ende, en lo que a inversión bursátil también, se alejan de nuevo. Las esperanzas de que la Fed lance un nuevo programa de estímulos se volatilizan. Y los índices caen sin remisión.
Igual da que la confianza del consumidor haya vuelto a repuntar en Estados Unidos. Hubiera dado igual que hubieran salido otros diez datos macro positivos, porque se impone el «wait and see». Apenas quedan un par de días para dejar de hacer conjeturas así que posiblemente hoy no era el día para tomar posiciones, sino más bien el día en el que los indecisos han aprovechado para deshacer posiciones. Al fin y al cabo era final de mes y el que viene es agosto, un mes en el que muchos prefieren no estar en el mercado.
Al cierre, en cambio, la sangría no fue excesiva. El Dow Jones perdió un 0,49%, el S&P 500 un 0,43% y el Nasdaq Composite un 0,21%. Quede anotado que el Nasdaq 100 se apuntó una mínima subida del 0,02%, lo que siempre es significativo y deja bastante claro hasta qué punto el mercado está de los nervios.
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