La sesión de hoy se puede resumir como la de la lucha entre el «efecto Andalucía» y el «efecto Draghi». Andalucía versus Draghi, incluso sabiendo que las cosas ocurrieron a horas bien distintas y eso es lo que me propongo analizar.
La Bolsa española marchaba razonablemente bien hasta que Andalucía se sumó al «festival» de Comunidades Autónomas prestas a ser socorridas por el malvado Estado centralista. Es la cuarta y su eufemismo de «adelanto de cantidades hasta conocer en qué condiciones se puede solicitar ayuda al FLA» no ha colado. A todos los efectos, Andalucía se da por peticionaria de rescate y el mercado lo ha valorado exactamente de esa forma. ¿Cómo? Haciendo caer al Ibex a plomo en una sesión en la que la alegría reinaba en el resto de Europa.
Y es que en el resto de Europa se mantiene en cierta medida el «efecto Draghi» en el sentido de que hablará el día 6 de septiembre y cada vez parece más evidente que va a hacer lo que debe hacer y no lo que Alemania quiere que haga. De hecho, las reacciones alemanas y sus amenazas veladas están siendo tomadas por el mercado como el mejor de los indicios de que el italiano está fuerte y que ha conseguido una mayoría clara en el consejo del BCE para sacar adelante sus ideas.
Con esa lectura, Europa subía con relativa fuerza y España caía por su propio peso. En el mercado patrio, lo que Draghi fuera a decir el próximo día 6 quedaba como muy lejos. Las esperanzas se dejaban para ese día, para el jueves, porque el rabioso presente obligaba a retroceder, que las cosas del Estado autonómico no parecen ir demasiado bien, al menos en lo que a cuentas se refiere.
Alguien debió decirle a Draghi que en España estaban «pasando de él» porque cuando apenas quedaban unos minutos para el cierre del mercado (y sin Wall Street, cerrado por festivo), el jefe del BCE se sacó de la manda unas declaraciones asegurando que comprar deuda de países del euro a corto plazo no infringe los tratados de la UE.
Y ahí sí que ganó Draghi. Ni en España se dejaron las cosas para más adelante. Las pérdidas se tornaron ganancias en apenas unos minutos, aunque se cerró en positivo por los pelos. En el resto, entre lo que se confía en Draghi y lo que se apuesta sobre una política de estímulos en China, los índices estuvieron claramente en positivo durante toda la jornada y las palabras de Draghi apenas si fueron un broche para terminar en máximos del día.
¿Sacamos alguna enseñanza de esto? Una clara. Los inversores siguen atacando con fuerza a España cada vez que se demuestra que nuestro país es un desastre al borde del precipicio. Vayan con ojo, que en una de estas nos tiran al precipicio y nos dejan ahí tirados, porque hace ya bastante tiempo que al Ibex no le influyen como antaño las tendencias del resto de Europa. Ahora es un boxeador sonado que deambula por el ring en busca del siguiente golpe. Y tiene toda la pinta de que se lo van a dar. Puede que recupere el pulso y siga subiendo, pero los episodios de desconfianza extrema en nuestro mercado no se han terminado ni mucho menos.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,63%, el FTSE un 0,82%, el CAC un 1,19% y el Ibex un modesto 0,18%. Ha sido Andalucía versus Draghi, pero llegará el día en el que nadie venga a salvarnos y el batacazo va a ser de impresión.
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