En los últimos tiempos va pareciendo ya una costumbre que el Ibex español haga lo contrario que el resto de grandes índices europeos. Otra vez estamos con el Ibex al revés del mundo, lo que refleja bastante bien la situación: lo que interesa a España no le interesa a Europa y viceversa.
Hay un gran consenso: el BCE debe intervenir, pero eso no gusta demasiado a los alemanes porque hace subir al Bund, así que nadie lo tiene demasiado claro salvo el Ibex y el Mibtel italiano, que aprovechan las noticias procedentes del BCE en ese sentido para avanzar.
Hay un segundo gran consenso: España pedirá el rescate. Pero, inmediatamente, hay que poner apellido a ese rescate. Si es «light» todos contentos, unos gastan poco dinero y otros se salvan en el corto plazo, pero con esta perspectiva y con el BCE interviniendo solo en bonos de hasta tres años de plazo, la financiación a diez años seguirá siendo cara para España e Italia. Por tanto, unos suben más que otros. Los que suben más, porque gastarán menos dinero. Los que suben menos o al menos se muestran más volátiles, porque siguen sin resolver el largo plazo.
En cambio, si el rescate lleva el apellido «total» no gusta en Europa. Gusta tan poco que Ángela Merkel ha recomendado a España y a Italia que lo eviten. La sola mención de este apellido pone a la Europa del norte con los pelos de punta y sus mercados lo acusan. Hoy se han desayunado con una entrevista en la que De Guindos señalaba que el rescate podía ser total y no parcial, que ninguna puerta está cerrada. Pues bien, parece que a los de arriba, los que mandan, les gustaría cerrar esa puerta.
No es tan complicado cerrarla, pero es que lo quieren todo. Quieren que el BCE se esté quieto, que todos recorten a mansalva, que las economías del sur se estanquen definitivamente y que, cuando ya no se pueda caer más, entonces se empiece a crecer. Y, claro, poniendo ellos lo mínimo posible. Frente a esto, existe otra visión, que es la que ya han usado Monti y Rajoy una vez y que a buen seguro volverán a usar: «si nos vamos a garete por vuestras tretas, no os salvaréis del efecto dominó».
Así se explican los retrasos, las declaraciones altisonantes, las guerras soterradas entre el Bundesbank y el BCE, y las menos soterradas guerras entre Ángela Merkel y François Hollande. El presidente francés sabe bien que en caso de órdago italo-español, Francia sería la gran perdedora tanto económica como políticamente. Ni su economía está para resistir mucho más de tres asaltos por mucho que se financie al cero por ciento ahora mismo, ni su papel en la UE iba a ser tan importante sin España e Italia, porque el centro de gravedad se iba a desplazar mucho más aún hacia Berlín.
¿Y hoy, cual de todos estos escenarios se ha impuesto? En realidad, todos y los nervios de ver llegar la hora de la verdad. El jueves se espera al presidente del BCE, Mario Draghi, no ya con impaciencia, sino con angustia. El pulso es definitivo. Son dos formas de ver Europa y solo una puede mantenerse en el futuro. Si es la de Draghi, es posible seguir viendo un euro como ahora, aunque tampoco está garantizado. Si se imponen las tesis alemanas, lo que habrá será un euro sin España, Italia, Grecia…
De momento, el Ibex sube y el resto baja, pero no deja de ser cierto que ayer ocurrió lo contrario. Los temores a las deudas de las autonomías son cada vez mayores y sólo la perspectiva de que Draghi nos saque de esta nos mantiene con pulso. Porque en el Gobierno, lo que se dice confiar en lo que haga el gobierno, hay más bien poca confianza, aquí y fuera de aquí. Por mucho que todos digan aquello de que se están dando los pasos adecuados, lo que no dicen es hacia dónde llevan esos pasos. Sin reactivar de alguna forma la actividad llevan directos al desastre.
Es por eso que unos días el Ibex va al contrario que el resto, otros se desmarca y se desmadra y otros sufre como un canalla mientras el resto está de fiesta. Los casi infinitos ángulos que tiene la visión de España en este momento produce ese efecto y más que nunca es verdad aquello de «nada es verdad ni mentira…». La visión de hoy parece la de «España se salvará», pero ayer a media sesión estábamos en el infierno, así que las visiones son tan provisionales que mejor no fiarse.
Al cierre, el Dax bajó un 1,17%, el FTSE un 1,50%, el CAC un 1,58% y el Ibex subió un 0,73%. Lo que les faltaba a los europeos era un mal dato del ISM americano y una apertura en Wall Street extremadamente bajista. Se hundieron con estrépito desde las tres y media y sólo el Ibex se mantuvo.
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