La convocatoria independentista para el próximo 11 de setiembre está cobrando grandes dimensiones. Es imposible contratar en Catalunya un autocar para el próximo martes, incluso buscan comunidades colindantes para lograr traer a Barcelona a las personas que se plantean acudir a la manifestación. “Estamos tratando de solventar este problema, pero hay los coches que hay” dicen en el sector. También se han agotado las banderas catalanas con la estelada. Los organizadores han dejado claro que la manifestación se convoca bajo el lema “Catalunya, nuevo estado de Europa” y si en la misma hay otras pancartas no serán asumidas por la organización.
En otras palabras, los asistentes saben que van a una manifestación independentista, y no a exigir el pacto fiscal u otras reivindicaciones. Inicialmente el acto consistía en una concentración en la plaza de Catalunya. Después se transformó en un marcha desde el principio del Paseo de Gràcia y ahora ya la convocan al final de esta avenida, mientras la guardia urbana está tomando medidas especiales para facilitar el aparcamiento de los vehículos venidos de fuera.
Por otra parte las críticas al president de la Generalitat por hacer llamamientos a la participación y anunciar que no piensa participar le han obligado a justificar su actitud en el canal de televisión autonómico. Artur Mas aseguró que “anímicamente es como si estuviera, físicamente no podré estar. Individualmente iría, a nivel de partido me puedo identificar perfectamente, a nivel del grito general (independencia) que ha de pronunciar el país, también” pero argumentó que no irá a la manifestación porque “el presidente de Catalunya es un símbolo de la unidad del país, más alla del gobierno y de las fuerzas políticas, y no creo que esta función , precisamente el día de la Diada Nacional, lo he de preservar más que nunca”.
Lo cierto es que la convocatoria de la Assamblea Nacional Catalana, nacida a raíz del primer referéndum independentista celebrado en Arenys en septiembre del 2009 y seguido en los meses posteriores por multitud de pueblos, ha desbordado las previsiones del Govern, que pretendía que los catalanes salieran a la calle reivindicando el pacto fiscal. Ante el temor de quedarse aislados por la convocatoria de esta entidad civil y vista la dimensión que va adquiriendo la convocatoria, tratan de subirse al carro. Mas incluso se pronunció sobre una hipotética independencia de Catalunya. “Lo veo muy difícil. Pero si un día se formulan las cosas en términos de estado propio, ¿la gente se piensa que entonces todo será fácil? No podemos tener este planteamiento porque sería una mentalidad infantil, esto no funciona así en la vida”.
Así las cosas, la vicepresidenta del Govern, Joana Ortega, anunció su intención de sumarse a los consejeros que acudirán a la manifestación. Es algo especialmente relevante por que pertenece a UDC y tanto ella como su presidente –Josep Antoni Duran Lleida- se oponen a cualquier planteamiento rupturista. También acudirán buena parte del sector defenestrado del PSC y los cabezas visibles de la oposición a la actual dirección, como es el alcalde de Lleida, Àngel Ros y Joan Ignasi Elena, así como varios ex consejeros del gobierno tripartito, como Marina Geli, Montserrat Tura, además de Ernest Maragall y posiblemente su hermano el ex presidente Pasqual. En cambio la dirección del partido se opone radicalmente a esta convocatoria “porque no somos un partido independentista”, en palabras de su primer secretario Pere Navarro. Tampoco el PP catalán, como es lógico, asistirá a esta manifestación.
Por otra parte ERC ha entrado en el registró del Parlament una propuesta de resolución para someter a votación la declaración unilateral de soberanía nacional de Catalunya en un plazo de dos meses.
El mensaje de Artur Mas de que la culpa de todos los males y privaciones que sufren los catalanes proviene de Madrid ha calado en buena parte de la sociedad, por que todo hace prever que los asistentes a la manifestación serán muy trasversales y tendrán como núcleo aglutinador un estado de malestar colectivo por culpa de la actual crisis.
Los organizadores han sabido canalizar este malestar planteando que con otro estatus político Catalunya viviría mejor y con ello han atraído al acto a colectivos muy dispares, y entre otros la crispación que produce en no pocos sectores las declaraciones de algunos dirigentes del PP y del PSOE sobre hipotéticos tratos de favor que recibe Catalunya.
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