La letra pequeña

06/09/2012

Maite Vázquez del Río.

La jornada de este jueves vino plagada de buenas noticias, aunque no ha servido para despejar lo fundamental, lo que nos preocupa a los españoles. Mientras el primer ministro italiano, Mario Monti, se apresuraba a mostrar su convenciemiento de que su país no va a pedir el rescate, en el caso español, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no descartaba la necesidad de que el país tenga que acudir al rescate -que todo el mundo lo da por hecho- sino que estudiará las condiciones de ese rescate para ver si lo pide. Sutil diferencia, como otras tantas a las que nos tiene acostumbrados a los españoles Rajoy.
No es de extrañar que desde la oposición, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba interpretara que España va a pedir ser rescatada, se le ponga el calificativo que se le ponga a dicha ayuda. La canciller alemana llegó esta vez a España con la lección aprendida. No vino a leernos la cartilla en público, aunque lo haya hecho en privado. Porque más allá de sus parabienes a las reformas emprendidas por el Gobierno nada se sabe de la letra pequeña, las condiciones y deberes que por mucho que se haya esforzado Rajoy en desmentir, nos ha impuesto. Y si no que se lo pregunten a cualquiera de los países rescatados. Merkel también viajó a Grecia antes de que el último rescate obtuviera el visto bueno.
Así las cosas, ahora sólo falta que el Gobierno sepa «vender» las condiciones «estrictas» que el BCE nos impone y también Bruselas, que ya ha adelantado que estará vigilante para que las cumplamos. Al comisario de Asuntos Económicos, Oliver Rehn, hasta se le escapó reconocer que los países rescatados con las nuevas condiciones del banco emisor europeo tendrán que adoptar medidas «contundentes» para alcanzar en tres años -esos mismos años que tendrá de vencimiento la deuda soberana que comprará el BCE- para conseguir la consolidación fiscal (bajar el déficit público como mínimo al 3%), comenzar un crecimiento económico sostenido y crear empleo.  El problema es que la crisis nos ha demostrado que la primera de las condiciones (déficit) es incompantible con las otras dos. Por lo menos si sigue con la misma senda de recortes y ajustes; siempre por el mismo lado. Por lo menos Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, ya ha pedido a los países que tengan que ser rescatados que no utilicen los mismos instrumentos, porque lo que se pone en riesgo es el propio modelo social europeo, al estar desmantelando el Estado de Bienestar. ¿Escuchará alguien a Barroso?
Además, el Bundesbank, contrario del todo al plan Draghi, ya han dejado clara su oposición a esta forma de rescate, que según su presidente Jeins Weidmann, se parece demasiado a financiar gobiernos imprimendo billetes. ¿Cómo puede diferir tanto la opinion de Weidmann y Merkel? El próximo 12 de septiembre el Consejo Constitucional alemán dará la respuesta, porque en Alemania aun no está decidido se se admiten o no los últimos mecanismos aprobados en el Consejo de Europa del pasado mes de junio, con el fondo de rescate (MEDE) a la cabeza. Merkel calla mucho, mientras Weidmann parece preparar el terreno.
En la cumbre hispano-germana se ha visto de todo. Lo más positivo, además del apoyo público de Merkel, es el plan de formación dual con el que se intentará dar una salida a ese 53% de jóvenes en paro. Se trata de un plan inspirado en el que se aplica en Alemania (formación y trabajo simultáneo), aunque con un problema de base. En España todo el sector industrial no es tan fuerte como en Alemania; en nuestro país -no lo olvidemos- más del 90% de las empresas son pymes, y no están los tiempos para que los pequeños empresarios se pongan a colaborar cuando su lucha se centra ahora en sobrevivir, y no pagar un pequeño sueldo a los jóvenes que se están formando.

También en la cumbre se vieron los listillos de turno. Hubo quienes recordaron a Merkel que las reformas emprendidas hace diez años por Alemania necesitaron su tiempo para que tuvieran efecto. El ministro Luis de Guindos así lo recordó. Lo que nadie se atrevió a recordar a la canciller alemana es que la unificación alemana la pagó Europa, y entonces no hubo ni condiciones ni letra pequeña. Solo dinero contante y sonante. Entonces lo que había era el ecu. Ahora hay euros, y lo que está en juego en esta crisis es la propia supervivencia del euro.

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