Bernanke disparó por fin y no precisamente con salvas. Los estímulos están ya sobre la mesa. La QE3 es un hecho desde hoy y Wall Street no ha tardado ni un segundo en celebrarlo por todo lo alto. No es para menos, porque Bernanke se ha comprometido a inyectar 85.000 millones mensuales hasta que el paro bajo al 6%.
El procedimiento para las inyecciones será el habitual, compra de bonos respaldados por colateral hipotecario, y algunos expertos han puesto el grito en el cielo. Estiman que funcionó bien en la primera «Quantitative Easing» porque el colateral estaba «podrido» y lo que se necesitaba era cambiar en el sistema financiero hipotecas por dinero fresco. En cambio, ya en la QE2 funcionó peor o, al menos, sus efectos sobre la economía fueron menos visibles. Pero con ser eso malo, cuentan que ahora que el mercado de vivienda está bajo mínimos podría darse la paradoja de que la compra de activos respaldados por hipotecas terminara por gestar otra burbuja inmobiliaria.
No es este el análisis que han hecho en una primera aproximación en el mercado. Ha sido hablar Bernanke y salir disparados al alza. Lo que el mercado huele es dinero fresco y poco importa cómo y por qué se haya conseguido. Es más, suponen que desde la Fed van a vigilar de cerca esos peligros de los que hablan los agoreros.
Desde que Bernanke pronunció las palabras mágicas, QE3, Wall Street se convirtió en una fiesta. Ya veremos si dura mucho o poco y qué nuevos obstáculos nos encontramos por el camino.
Al cierre, el Dow Jones avanzó un 1,55%, el S&P 500 un 1,63% y el Nasdaq Composite un 1,34%
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