La jornada bursátil al otro lado del Atlántico ha tenido el muy taurino desenlace de la división de opiniones. Mientras el Dow bajaba claramente, el Nasdaq tiraba del mercado y conseguía que hasta el S&P 500 cerrara en positivo en una suerte de pulso con los «blue chips». Lo peor es que para terminar de complicar más las cosas, los valores al alza superan a los que bajan, pero en el Nyse el volumen de los valores que baja supera al de los valores que suben. Como alguien tiene que actuar de árbitro, pondremos las cosas en su sitio diciendo que en el Nyse hay 148 valores marcando máximos anuales frente a solo 17 que marcan mínimos y que en el Nasdaq la proporción es del 98 a 28.
De la oleada de datos anterior, lo único que queda claro es que el mercado, independientemente de lo que hagan los índices, sigue subiendo, pero dada la curiosa costumbre que tienen los índices de terminar imponiendo sus criterios, el valor de nuestro análisis es más bien de muy corto plazo. Si los índices se empeñan en lo contrario, no hay nada que hacer porque detrás de los grandes va todo el mercado.
Ahí radica precisamente el problema de hoy. Los grandes son el Dow Jones y resulta que ha flojeado y con un volumen de negocio bastante raquítico. Si esto supone que los inversores están perdiendo el interés en los valores de la élite, ¿cuánto tiempo seguirán apostando por los que no están en la élite? Ahora bien, tampoco porque un día el Dow haya «fallado» se pueden sacar todas estas conclusiones tan negativas. Habrá que tenerlas en cuenta y seguir el comportamiento del índice de los valores más poderosos del mundo.
En el otro lado de la balanza, el Nasdaq Composite ha dado muestras durante toda la sesión de no querer arrugarse y esa señal la estamos esperando desde hace semanas como agua de mayo, que el Nasdaq ha estado últimamente muy irregular y miedoso. Pero psa como con el Dow. Porque un día haya sacado carácter no vamos a suponer que siempre lo tiene, que ya hemos visto hace bien poco cómo se diluye como un azucarillo de cuando en cuando al primer síntoma de que las cosas no van del todo bien.
Y es que las cosas no van del todo bien. La temporada de resultados es decepcionante y esta vez no porque las empresas no lleguen a las «marcas» establecidas por el consenso de los analistas, sino porque tampoco llegan a sus propias estimaciones de hace solo tres meses. Mucho «profit warning» y pocos resultados espectaculares es la tónica general de cada día, con lo que estamos perdiendo otro factor importante para dinamizar el mercado.
El caso que es esto sigue un poco atascado y ni termina de bajar ni rompe al alza. Realmente, no hay motivos para ninguna de las dos cosas, una vez asumido que estamos donde estamos porque es donde debemos estar. Si no lo asumimos, lo mejor es salirse desde este mismo momento porque el razonamiento alternativo solo puede ser el que reza «deberíamos estar mucho más abajo para reflejar adecuadamente lo que pasa con la economía mundial».
Mucho me temo que no va a pasar ni lo uno ni lo otro y también les adelanto que a pesar del mal cartel que tiene octubre en la Bolsa, estadísticamente es un buen mes cuando es año de elecciones presidenciales y septiembre ha sido positivo, ya que suele duplicar las ganancias obtenidas en septiembre. Pero ya saben ustedes que las estadísticas de andar por casa con las que suelen bombardearnos siempre intentan hacernos pasar por verdades cosas que nosotros sabemos que en realidad son mentira.
Lo que es verdad es lo que reflejaban los cierres: división de opiniones. El Dow perdió un 0,24%, en tanto que el S&P 500 avanzaba un 0,09% y el Nasdaq Composite un 0,21%. ¡Ah! por cierto. En los comentarios de reputados analistas neoyorkinos se ha sustituido el «inminente rescate español» por «el inminente downgrade español». Vamos, que apuestan porque nos dejan en bono basura.
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