Caídos de un guindo

03/10/2012

Luis Díez.

Si ab oven (en principio) admitimos que la reunión de presidentes autonómicos, también llamada V Conferencia, no era para llamar al orden a Artur Mas ni siquiera para poner en orden la asistencia sanitaria a los inmigrantes después de la desobediencia al pago y tente tieso decretado por la ministra de Sanidad, Ana Mato, hemos de asumir que el encuentro ha sido provechoso porque ha proyectado una imagen de unidad y compromiso con la reducción del déficit público muy conveniente ante los mercados, según dijo el presidente Mariano Rajoy. Luego, detrás de la imagen, poco parece importar que la declaración común se dé de patadas, sin jugar al fútbol, con el proyecto de Presupuestos para 2013 en casi todos sus puntos: desde el que exige el aumento de la inversión en Educación e I+D+I para remontar la crisis hasta el que apuesta por “un sistema fiscal más eficiente y equitativo”.

Aparte el monumento a la cortesía y la hipocresía de la mencionada conferencia, con su bolita del mundo de banderas multicolores –el logotipo para la ocasión–, la actividad parlamentaria nos ha permitido conocer los planes del ministro de Economía, Luis de Guindos, sobre el “banco malo”. Dice el ministro que la herramienta tiene dos ventajas: una andadura de 15 años y una financiación adecuada, que es tanto como decir que el color blanco es muy bonito y el verde también. Como de gustibus non est disputandum, habrá que fijarse en el sabroso negocio que las entidades saneadas, que manejarán el 55% del “banco malo”, van a hacer con los “activos tóxicos” hasta ponerse moradas. De Guindos lo sabe y por eso pide que no tiren por los suelos el precio del suelo, que si hoy puede ser un activo malo, adquirirá valor con el tiempo.

Las entidades nacionalizadas y controladas por el FROB del Banco de España (Bankia, Banco de Valencia, Novacaixagalicia y CatalunyaCaixa) tienen, según la descripción del ministro, una parte que vale mucho y otra infectada que contamina injustamente a las sanas. Una vez liquidadas las “entidades zombies” y separados los activos tóxicos procedentes de las quiebras inmobiliarias y las hipotecas pendientes, el ministro considera que podrán devolverlas perfectamente saneadas y rentables al sector privado bancario. “El achatarramiento no era solución”, dice. Y para arbitrar la solución y cubrir el coste del saneamiento bancario, con un déficit evaluado en 53.000 millones de euros por la consultora Oliver Wyman, se ha pedido ese rescate inicial de 60.000 millones de euros. Las entidades cocosas podrán saldar sus deudas con los bancos europeos y otros mediante la entrega de los activos tóxicos, y luego, la venta de éstos permitirá pagar el rescate.

Pero el planteamiento de De Guindos no se sostiene si no aclara quién gana y quien pierde con ese dibujo y, sobre todo, quién diantre podrá comprar un piso en la situación de depresión, sin cumquibus familiar y con más del 25% de la población activa en la situación forzosa de brazos caídos y cerebros en fuga o arrumbados a la que nos han conducido tantos y tan serios personajes desde la quiebra de Lehman Brothers que tan bien conoce. Lo único cierto es que, como dijo, el socialista Valeriano Gómez, mantener hasta ahora a las entidades protagonistas de esta inmensa locura financiera e inmobiliaria ya ha costado más que todo lo que hemos gastado en proteger a más de 7 millones de personas que han necesitado apoyo en el desempleo durante los últimos cuatro años de crisis. Y eso sin contar los avales públicos y los sistemas de protección de activos. Como el futuro no está escrito, cabe esperar de los errores del pasado algún acierto sin las premisas escolásticas del acertijo.

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