Con permiso de Michel Foucault, replico en el título en esta Gatera una de sus obras más conocidas en las que trata del escarnio público de asesinos, ladrones y demás clientela de malas costumbres. Es tiempo en que los ciudadanos hartos de oir hablar de la crisis y afectados por los recortes, paro, subidas de impuestos, bajada de sueldos, y reformas permanentes que están dejando el Estado de Bienestar en el esqueleto… no sólo hemos empezado a decir ¡Basta ya!, sino que además queremos, necesitamos con urgencia, que aquellos que nos han llevado a esta situación tengan su merecido, que en ningún caso son indemnizaciones millonarias. Porque en este esperpento al que hemos llegado, castigan a los ciudadanos y premian a los malos gestores y políticos, a los que se enriquecieron con malas artes y encima quieren mantenerse por encima del bien y del mal.
Es hora de que quien la hizo, la pague. Y no es venganza, sino poner a cada uno en su sitio, porque tampoco es justo que uno de cada cuatro ciudadanos no tenga empleo por un puñado de listos que no miraron las consecuencias de un enriquecimiento tan rápido. El Gobierno de Mariano Rajoy se resiste. Pero desde el FMI a Bruselas nos lo piden: los bancos-cajas que necesiten muchas ayudas públicas, mejor liquidarlos.
Porque es mejor dejar de tirar el dinero mientras el problema sigue echando raíces. Porque es mejor que todos sepan que si se hacen mal las cosas, el fin puede ser ese, la quiebra. De lo contrario, si se les ayuda, no habrán aprendido la lección y pensarán que todo el monte es orégano y que estará siempre ‘papá Estado’ para sacarle de sus apuros. Y a cambio, ‘papá Estado’ dejará de realizar sus servicios, los encarecerá, nos cobrará por respirar, pensar y ponernos malos. Como están las cosas, parece que la estrategia política es lograr el bien de unos pocos a costa del mal de muchos.
Nos dicen que el sistema financiero es esencial para que funcione todo. Entonces a las pruebas nos remitimos. Aquí no funciona nada porque el sistema necesita ser limpiado de lo contaminado, de la toxicidad que supuso prestar sin garantías y engordar una burbuja a la que los muchos nos tuvimos que adaptar, pidiendo prestado lo que se nos pedía y sin derecho a réplica. Y no nos vale un ‘banco malo’ donde vaya toda la morralla. Los contaminados deben estar en el mismo pack y desaperecer.
Y los que vigilan, como decía Foucoult, castigarles. Eso sí que da confianza.
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