Un buen dato de empleo sirvió de espoleta para desatar el miedo más ilógico que se pueda uno imaginar. A cuatro días de las elecciones, los expertos valoraron que se dato ponía de nuevo a Obama en la Casa Blanca, lo que en teoría no debe perjudicar a las Bolsas dado que ha sido firme defensor de las políticas de estímulo de Ben Bernanke y éste vería garantizada su continuidad al frente de la Fed, como quiere el mercado.
Pero no, la posible victoria de Obama desató un pánico como hacía meses que no se veía por una razón de cálculo. Todas las encuestas y la mayoría de los analistas dan por hecho que el Congreso será republicano, lo que junto a una Casa Blanca demócrata complica las negociaciones para el evitar la subida automática de impuestos y el recorte de gastos contenido en las normas conocidas como «Fiscal Cliff». Se exige acuerdo entre Casa Blanca, Congreso y Senado y una victoria ajustada de Obama en la Casa Blanca es un escenario de conflicto casi asegurado en esa crucial negociación. Y lo peor es que si no se negocia, habrá recortes inmediatos. Son las secuelas de lo que se calificó como «acuerdo para elevar el techo de deuda» y en realidad ni era acuerdo ni era nada, sino una hipoteca a largo plazo de la administración demócrata.
El caso es que los datos de empleo revelaron que se crearon 171.000 nuevos puestos de trabajo y desde las filas republicanas se apresuraron a calificar el dato de artificialmente hinchado y como «el último positivo antes del huracán». Nadie dudó en tirar con cohetes contra un dato objetivamente bueno y de ponerlo en cuestión de forma realmente vehemente, como no suele hacerse nunca a pesar de que la estadística americana tiene más agujeros que un queso de Gruyere y podrían ponerse todos sus datos en cuarentena cada vez que se publican.
Nervios es la palabra que mejor describe la sesión, con un mercado en el que al parecer sólo las instituciones están activas, en tanto que los particulares han optado por la liquidez hasta que pasen las elecciones. Lo más curioso es que este comentario generalizado no se ve refrendado por los datos de volumen, que permanecen similares e incluso mejores que los de sesiones precedentes.
Mi impresión es que el S&P 500 querrá buscar los 1.400 puntos como base para una reacción definitiva, lo que llevaría al Dow Jones al entorno de los 12.950 puntos y al Nasdaq Composite a configurar un doble suelo ligeramente por debajo de los 3.000 puntos, nivel en el que ya ha estado a lo largo de la última semana. Buena parte de la hipotética reacción vendrá basada en que el Composite no se vaya más abajo de sus últimos mínimos, así que es un índice a vigilar. Pero con unas elecciones presidenciales de por medio cualquier pronóstico está destinado a engrandecer la figura de los videntes y echadores de cartas, así que le otorgaremos una fiabilidad escasa.
Al cierre, el Dow Jones cayó un 1,05%, el S&P 500 un 0,94% y el Nasdaq Composite un 1,26%. Una curiosidad, el buen dato de empleo desató el miedo pero no fue suficiente para que el S&P 500 se quedara sin ganancias semanales. Subió un modesto 0,16%, pero subió. ¿Un síntoma de algo?
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