O callamos a Bruselas, o actuamos

07/11/2012

Miguel Larrañaga. 07-11-2012. La alegría de la primera hora se trocó en un auténtico aquelarre bajista tras conocerse el informe de la Comisión Europea que vaticina que la crisis llegará a Alemania el próximo año como consecuencia de los recortes que han paralizado al resto de Europa.

Europa está ante una encrucijada vital que cada día es más evidente. La recesión campa por sus respetos en la mayor parte de los países miembros de la UE y en el resto el estancamiento es el protagonista. Sólo Alemania parece tener fuerzas para seguir creciendo, o parecía tenerlas hasta hace un mes. En las últimas semanas, cada dato ha puesto de manifiesto que Alemania se ha parado y que el contagio del resto de Europa es cada vez más claro. Y Bruselas, la Comisión Europea, lo ha dicho hoy alto y claro. Ante esta situación se me antojan dos posibilidades. O callamos a Bruselas, o actuamos. Pero ambas se me antojan poco menos que imposibles.

Empecemos por la segunda. ¿Actuamos? Vale, actuamos. Pero, ¿quién actúa? Ahí viene el problema. Si ya no se cumplen ni los acuerdos de las cumbres europeas y cada vez es más evidente que cualquier actuación está supeditada a la voluntad política de lo que Alemania decida que le conviene en cada momento, las posibilidades de actuación quedan seriamente constreñidas. Es más, yo diría que quedan reducidas a que Ángela Merkel tenga una iluminación semejante a la que convirtió a Saulo en San Pablo y pase a encabezar un movimiento pro-estímulos.

La verdad es que la posibilidad de que esto ocurra es tan remota como lo eran las posibilidades de la conversión de Saulo, pero nunca se sabe. Las elecciones alemanas son dentro de un año y cuando hay que presentarse ante los electores cualquier cosa es posible, pero a estas alturas todo lo que huela a Europa es particularmente mal visto dentro de una Alemania cada vez más nacionalista y alejada del europeísmo. Hace bien poco, un amigo me comentaba que el pangermanismo no tiene nada que ver con el europeísmo y que las exigencias alemanas de que toda Europa se convierta en un clon de la propia Alemania pueden llevar al colapso de la idea de Europa, más aún cuando no hay una respuesta en el contrapeso natural, Francia. Me sonó rarísimo cuando lo escuché, pero debo decir que el diagnóstico me parece más acertado cada día que pasa.

Porque esa es la otra cara de la moneda de la caída de hoy. Europa está en manos de Alemania y paralizada del todo, pero Francia tiene lo suyo. Sólo un día después de que el FMI le instara a llevar a cabo profundas reformas para evitar entrar en una situación semejante a España o Italia, el país vecino se propone reformar de cabo a rabo su estructura de ingresos, rebajando en 2013 los que soportan las empresas (fundamentalmente los ligados a los costes laborales) y reestructurando en 2014 el IVA, que se eleva en el tramo general pero tendrá una rebaja en los productos básicos, que allí son alimentación y energía.

La receta de Hollande, el defensor de los estímulos para mantener el crecimiento, viene a ser la misma que venimos observando para España, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda… cuando se antepone el recorte a todo lo demás. De inmediato, el presupuesto se ajustará en 12.500 millones de euros, de los que 2.500 millones serán directamente en Sanidad. Parece que el defensor de los estímulos quiere ocupar también puestos de honor en la «Liga de los recortadores».

Y luego tenemos a Bruselas, que se dedica a decir a los cuatro vientos lo mal que están las cosas, a prevenir cataclismos y a poco más, porque no tiene poder para nada más. La Comisión Europea es a estas alturas poco más que un mal remedo de Pepito Grillo, recordando a cada minuto lo que habría que hacer y no se hace, con la variedad de que además en su fuero interno es un corral en el que cada gallo, y hay bastantes, canta a su manera y en su propio tono.

Hoy ha rebajado las previsiones de crecimiento de todos. Ha vuelto a decir que España no cumplirá con el compromiso de déficit y, sobre todo, ha vaticinado que el próximo años será el de Alemania, pero no porque la locomotora europea sea capaz de sacar a Europa del barro, sino porque se va a parar. Ya está afectada por la paralización del consumo en el resto de Europa, pero los efectos reales llegarán el próximo año, al decir de la Comisión Europea. El presidente del BCE, Mario Draghi, parece suscribir punto por punto este escenario.

Desde Francfort y Bruselas apremian a los líderes europeos a remangarse  coger el toro por los cuernos, pero está claro que no son los tradicionales «forçados» portugueses. No cogen al toro por los cuernos ni aunque les vaya la vida en ello y parece capaces de seguir reuniéndose una vez al mes para cenar, contarse los últimos chistes y volver a casa tan contentos. Cara cena, caros chistes y cara UE, con su Comisión Europea y su Parlamento con dos sedes, si no vale para nada cuando tiene que valer. Cuando las cosas van bien, todo es perfecto. Donde se demuestra si una estructura político-económica vale para algo es en las dificultades y está claro que la UE ha fracasado ya.

Por eso solo hay dos alternativas y es lo que el mercado ha venido a decir hoy con su caida en picado. O callamos a Bruselas y liquidamos lo que representa, a hacemos caso a la Comisión Europea de una puñetera vez. No comparto la mayoría de los análisis habitualmente alarmistas que suelen ofrecer y en este caso no me parece correcto el elaborado sobre España, pero en lo que se refiere a la situación general, está cada vez más claro que o nos ponemos las pilas o vamos todos al degolladero, empezando por la señora Merkel.

¿Cómo ha dicho esto el mercado? Lean los cierres y no tengan en cuenta que a media mañana el verde predominaba en el mercado. El Dax se ha dejado 1,96%, el FTSE un 1,58%, el CAC un 1,99% y el Ibex un 2,26%. Y si malo es que se caiga tanto, casi peor es que sin excepción todos los índices europeos han dejado una vela envolvente bajista con una pinta terrible…

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