Homenaje a la confusión en una elecciones plebiscitarias

07/11/2012

Josep M. Orta. A las cero horas del viernes empieza la campaña de las elecciones catalanas. Casi todas las cartas parecen estar sobre la mesa y los claros mensajes cada vez son más desconcertantes.

Aseguran los expertos que durante la campaña apenas si se mueven votos, como máximo casi los únicos que han de tomar una decisión son los que se mueven en el apartado “no sabe, no contesta”. Todos los partidos que inician la fase final de esta carrera electoral han puesto sus cartas sobre la mesa y un espectador no avisado se puede mostrar sorprendido ante la diversidad de mensajes.

Según unos Catalunya sería un paraíso cuando logre la independencia, otros en cambio valoran mientras otros valoran que el país retrocedería de golpe a unos niveles de record Guiness. Sesudos economistas auguran que los catalanes fuera de España tendrían un nivel de riqueza equiparable a los países más prósperos de Europa mientras otros no menos doctos ven inviable económicamente esta propuesta que no haría otra cosa que llevarles al desastre. Unos vaticinan que ni siquiera se podrían pagar las pensiones mientras sus rivales aseguran que las podrían aumentar.

Mariano Rajoy ofrece diálogo. Artur Mas exige diálogo. Todos hablan y nadie escucha. Incluso la FAES presenta en Barcelona un informe en el que niega que los recursos económicos que reciben los catalanes de la administración central sean poco justos, algo que aceptan todos los partidos.

Si hablamos de Europa, Artur Mas asegura que si se produce la secesión, Catalunya sería un nuevo estado de la Unión Europea mientras que socialistas y populares lo niegan rotundamente. Tampoco en Bruselas, con declaraciones de varios dirigentes han contribuido a clarificar lo que sucedería ante un hipotético nacimiento de un nuevo estado y seguramente ante esta posible nueva situación se resolvería a posteriori. Pero unos y otros juegan con la ambigüedad comunitaria para realizar una campaña del miedo.

Algunos empresarios se han pronunciado en un sentido, otros en otro, la mayoría adopta la postura de esperar y ver. Pero también la voz de los pocos que se han definido ha sido convenientemente amplificada.

Uno tiene la sensación de que todo el pescado está vendido y pese al mucho ruido que se hará durante la campaña, con sus mensajes altisonantes y seguramente en muchos casos hasta ofensivos, los catalanes ya tienen decidido el sentido de su voto.

Pero tal como se van desarrollando los acontecimientos, para resumir la actual situación nada mejor que recoger aquel retrato del fino analista política que fue Obélix cuando afirmaba que “estos romanos están locos”.

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