Pese a las dudas que mostraron a lo largo de la sesión de este lunes los inversores, los ministros de Finanzas del eurogrupo (Ecofin) no han sido sensibles a la incertidumbre que crean y han optado por retrasar la decisión sobre si desbloquean lel tramo de los 31.500 millones de euros que necesita Grecia con urgencia de su rescate.
Los ministros se encuentran divididos pese a que el país heleno está al borde de la suspensión de pagos y, por tanto, de abandonar la moneda única como miembro de pleno derecho.
La división parte de que no hay consenso sobre la forma en que se debe reducir la carga de la deuda griega y sobré cómo financiar las necesidades financieras que tendrá el país heleno durante los próximos años. Y para más dudas, ni han logrado ponerse de acuerdo sobre si Grecia cumple los requisitos exigidos.
Antes de comenzar la reunión ya se producían los primeros desencuentros y se empezaba a reconocer que este lunes iba a ser muy difícil que fuera a haber una decisión y eso, que todos conocen que el próximo 16 de noviembre Grecia debe afrontar un vencimiento de 5.000 millones de euros. Si no le llega el dinero antes de cuatro días, suspenderá pagos.
El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, aconsejaba a los ministros comunitarios ponerse de acuerdo en fijar un calendario para abonar el siguiente tramo del rescate heleno. Y para animar a que se produzca incluso Juncker reconoció estar «impresionado» por las reformas y presupuesto de 2013 aprobados por el parlamento griego.
Pero la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, echaba un jarro de agua fría a la reunión, aconsejando a todos que había que dar prioridad a dar una «solución real» antes que «rápida». Esto es, que pese a la urgencia que tiene Grecia para afrontar sus próximos vencimientos hay que tomar decisiones encaminadas a solucionar el problema de financiación que supone Grecia para la eurozona.
Lagarde reconocía el esfuerzo realizado por Grecia y su determinación en arreglar los problemas, y «ahora le corersponde a sus creedores hacer lo mismo, asumiendo nuestros responsabilidades.
En este sentido, el ministro francés de Finanzas, Pierre Moscovici, dio a entender que estará el dinero a tiempo, aunque pidió un esfuerzo al Eurogrupo para que se produzcan «progresos decisivos».
Por su parte, el ministro español, Luis de Guindos, se mostró confiado en que los responsables de Finanzas europeos «validen» las medidas del Gobierno heleno por cumplir las exigencias fijadas por la Unión Europea. No obstante, para el representante español, el problema es la evolución de la deuda pública griega, ya que los retrasos en el plan de ajuste de Grecia por las elecciones -celebradas la primavera pasada- han hecho inviable lograr el objetivo que había pactado la UE de reducir su deuda al 120% del PIB, el umbral que se considera sostenible, de aquí a 2020.
Y para ministros como el irlandés, Michael Nooman, y el belga, Steven Vanackere, hay que dar una respuesta a los progresos y decisiones importantes que Grecia acaba de adoptar de cara a 2013, porque su esfuerzo «no puede quedar sin consecuencias».
Sin embargo, los responsables de Finanzas alemán, austriaco, finlandés y holandés no han reconocido el esfuerzo. Es más, como el ministro alemán, Wolfgan Schäuble, ha dicho, «primero tenemos que ver si Grecia ha cumplido», recordando que cualquier decisión que se adopte deberá pasar por el parlamento germano (Bundestag).
Para la titular de Finanzas austriaca, Maria Fekter, el problema es que sus ciudadanos no entienden por qué cada tres meses se tiene que dar «dinero extra» a Grecia. Por este motivo, a pedido a todos sus colegas europeos «ser más creativos».
También el holandés Jeroen Dijsselbloem puso sobre la mesa sus condiciones, asegurando que no va a ceder a la presión, porque también los griegos han esperado hasta el último momento «con muchas cosas». Por este motivo, adelantó Dijsselbloem, «nosotros también nos tomaremos el tiempo que necesitemos para ver dónde estamos».
La troika da dos años
Pese a estas declaraciones, el informe elaborado por la troika -formada por representantes del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI- propone dar dos años más a Atenas (hasta 2016) para corregir su déficit excesivo. Este aplazamiento significará que se deba dar a los helenos cerca de 30.000 millones de euros más de lo fijado hasta ahora, según ha explicado el ministro irlandés.
La imposibilidad de Grecia de lograr reducir su deuda pública por debajo del 120% de su PIB de aquí a 2020 ha provocado que el FMI pida una nueva reestructuración de la misma, lo que obliga a que todos los países del euro asuman pérdidas en los créditos abonados hasta ahora a Grecia, lo mismo que ha tenido que hacer el sector banciario cuando se aprobó el segundo rescate.
El problema es que la mayoría rechaza esta posibilidad, y en lo único que podrían ceder es alargar los plazos de amortización de los préstamos así como en rebajar los tipos de interés. Y no son solo los Estados miembros de la eurozona. Tampoco el BCE acepta tener pérdidas en los bonos griegos que ha comprado, por etender que sería como «financiar» a Grecia directamente. En lo único que podría ceder la autoridad monetaria europea sería en distribuir entre los bancos centrales de los países del euro los beneficios que consiga con esta deuda para que, por su lado, se los hagan llegar a Grecia.
Entre las muchas posibilidades que se han puesto sobre la mesa del Ecofin se encuentra autorizar al Gobierno griego a utilizar parte del rescate para recomprar sus bonos en el mercado secundario. De esta forma, dichos bonos se podrían retirar de circulación a un precio inferior al que fueron emitidos. No obstante, muchos consideran que esta solución es demasiado «complicada» de llevar a cabo.
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