Con las convocatorias de huelgas acechando a la compañía, el consejero delegado de Iberia, Rafael Sánchez-Lozano, se ha mostrado este lunes de nuevo abierto a negociar con los sindicatos siempre que el eventual acuerdo garantice el futuro de la aerolínea. «Lo que pasa ahora es que Iberia no es viable y tiene un volumen de pérdidas insostenible«, señaló. El escenario de la compañía que describió cuenta con luces, pero con unas sombras que eclipsan los aspectos positivos. Hay factores negativos coyunturales, como que el precio del barril del petróleo que supera los 110 dólares, pero son más los estructurales. Un conjunto que ha supuesto que, desde 2008 hasta septiembre de 2012, el grupo haya «gastado» 1.198 millones de euros de la caja entonces existente, y que las pérdidas en lo que va de año superen los 260 millones de euros.
El consejero delegado apuntó a que quedan sólo 1.000 millones de euros para afrontar las cargas y pérdidas a partir de ahora, y que el grupo cuenta también con problemas para financiarse pese a no tener vencimientos agobiantes. El objetivo básico es dar la vuelta a esta trayectoria, mejorando los márgenes a través, en primer lugar, de una fuerte reducción de costes que se traduzca en pasar de los 300 millones de pérdidas operativas de este año a beneficios operativos por unos 600 millones de euros, así como a 500 millones de ganancias en 2015.
Aceptó que el camino es difícil y duro, ya que en principio conlleva la salida de 4.500 personas (-23% de la plantilla), además de los recortes salariales y de capacidad -el consejo y la dirección se reducirán la retribución un 25%, que en el caso del consejero delegado asciende a 632.000 euros-. Y aunque Iberia está decidida a aplicar el plan de transformación del grupo de forma unilateral si el 31 de enero no se alcanza un acuerdo con los sindicatos -se han establecido tres mesas de negociación-, puntualizó que en el periodo de negociación abierto el programa puede experimentar cambios (menos salidas, mejora de la productividad por otras vías…). Una meta es recortar un tercio los costes salariales que ahora ascienden a 1.300 millones.
Pero a su juicio lo que no está encima de ninguna mesa es dar marcha atrás a la fusión con British Airways (BA). Se preguntó cómo se puede deshacerse una operación de esas características, y añadió que de no estar en IAG la situación de Iberia sería mucho peor, al menos, las pérdidas serían superiores en 100 millones de euros.
Otra faceta del plan es la reordenación comercial y operativa de la aerolínea, sobre la base de cerrar rutas no rentables (aunque ésta es una táctica que se aplica todos los años), alcanzar unos costes similares a las compañías de low cost en las rutas de corto y medio alcance y renovar la oferta en las rutas de largo, como son las transatlánticas. Y sacar más fortalezas de la fusión con la compañía británica y potenciar el hub de la T-4 de Madrid. En principio, aseguró que se mantendrán las sociedades Iberia, Iberia Express (que gana dinero desde el primer mes de funcionamiento), así como Vueling sobre la que IAG ha lanzado una opa.
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