El circo romano

10/12/2012

Miguel Larrañaga. Monti anuncia que se marcha, Berlusconi que vuelve. ¡¡Pasen y vean, niños y niñas, monstruos y monstruas!! ¡¡La función va a comenzar!! El circo romano comienza sus representaciones y amenaza con una gira por Europa.

La situación italiana ha derivado en un circo romano, pero no de esos en los que los gladiadores se enfrentaban entre sí o contra las fieras, sino un circo de los que todos entendemos. No vayan ustedes a pensar en los payasos, que no, por mucho que esté involucrado Berlusconi en el asunto. Me refiero al circo por aquello del «más difícil todavía«.

Los días de Monti estaban contados desde el día que llegó a la presidencia del Gobierno. Es más, recuerdo que Berlusconi indicó entonces que «Monti será presidente del Gobierno justo hasta que yo quiera que lo sea» y lo ha cumplido. Vuelve «Il Cavaliere» a la primera fila, presumiblemente para evitar males judiciales mayores, y los cimientos de la política italiana se han removido por completo.

¿Tan peligroso es el movimiento? Lo que temen todos es que un nuevo gobierno de Berlusconi eche tierra sobre el proceso de reformas y lo temen con cierta razón, ya que no se significó el personaje por emprender reformas mucho más allá de las que interesaran a su situación legal de cada momento.

Pero dejando al lado el esperpento, Italia pone claramente de manifiesto lo débil que es el hilo que nos sujeta a todos. De golpe, treinta puntos arriba la prima de riesgo. Y eso sin que Berlusconi haya ganado ninguna elección. No quiero pensar en qué ocurrirá cuando la gane. Porque esa es otra. El miedo escénico es tan grande porque todo el mundo sabe que Berlusconi puede ganar las elecciones, que los italianos siguen, incomprensiblemente para quien lo ve desde fuera, dispuestos a votarle.

Sin embargo, el circo ha quedado instalado en Roma. Amenazó con abrir una sucursal en Madrid, pero aquí tenemos nuestros propios artistas del alambre y no se dejan quitar el puesto fácilmente. Me parto cuando escucho al ínclito De Güindous hablar de contagio respecto de Italia. Ya tenemos la excusa perfecta para que los gobernantes incapaces se escuden en algo. A ver si llevamos al extremo la situación y sirve también de excusa para pedir un rescate que andamos necesitando a voces y de paso nos regalan un rescate moral que se lleve por delante a los cobra-dietas inmorales.

Porque no duden que si lo de Italia se pone feo, España estará abocada al rescate. Y ya les digo que si andamos listos y lo pedimos antes que ellos, habrá dinero, pero que si resistimos absurdamente, ni dinero quedará para nosotros. Me intranquiliza mucho eso de que De Güindous diga que se está analizando lo del rescate. Llevan meses en ello y no he observado que la capacidad intelectual de nuestros gobernantes haya avanzado lo suficiente como para pasar a la fase de la toma de decisiones. Tendrán que venir también en esto a dárnoslo hecho.

La parte positiva es que los mercados reaccionaron desde media mañana y se dejaron de «contagios italianos». Bueno, ya saben que cuando hablo de mercados no me refiero al Ibex, que hace tiempo que no es un mercado serio. Me refiero a Alemania, a Francia, a Gran Bretaña, a Holanda. Bolsas que terminaron el día en positivo a pesar del circo romano. La española, hasta donde uno llega, no lo logró. Minimizó las pérdidas, pero se impuso el rojo.

Y no me preocupa el rojo, sino la «calidad» del rojo con toda la banca en rojo (menos el Popular, que va siempre al contrario) y con Telefónica abonada a las pérdidas, el Ibex es un pimpampúm.

Al cierre, el Dax avanzó un 0,17%, el FTSE un 0,12%, el CAC un 0,18% y el Ibex se dejo un 0,56%. Son las cosas del circo romano. De momento, sigue en Roma, pero amenaza con salir de gira

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