Perdonen ustedes el pequeño desahogo del título y el primer párrafo y vayan por delante mis excusas a los jurados del Premio Nobel, pero vistos algunos de los premiados en los últimos tiempos, los de la troika van de cabeza al Nobel de Economía.
Es curioso que mientras el mundo académico han destronado a los reyes de las tablas de Excel erróneas y la OCDE y el FMI reculan desde sus anteriores posiciones, el día a día de la troika sigue exactamente igual. La dinámica del recorte, en la práctica de los países prisioneros de un rescate mantiene toda su vigencia y provoca más problemas que beneficios. Eso sí, con el aval comunitario, que tiene bemoles el asunto.
El caso es que dos dimisiones en dos días en el Gobierno portugués y un ultimátum a Grecia para que presente un nuevo plan de recortes han sido suficiente para que el mundo recuerde las vergüenzas europeas y que las cosas no se han terminado ni mucho menos.
Llegados a este punto, un amigo economista se felicitaba esta mañana en privado conmigo por el hecho de que España no haya necesitado el rescate, «pero no por ninguna habilidad del Gobierno o por el bien del país, sino por el bien del mundo. Aplicar en España las recetas que se han aplicado en Grecia, Portugal o Chipre, vistos los resultados, hubiera llevado al colapso completo de la UE y, por añadidura de una manera de entender la economía«.
Vamos que aquello del «too big to fail» puede haber salvado al capitalismo de una crisis mucho más profunda de la que sufre y que ha llevado a Frau Nein a «lamentar» que estén pagando las consecuencias quienes no tuvieron nada que ver en su génesis. Esto merece capítulo aparte porque es el colmo del cinismo.
Mire señora Merkel. No digo yo que no hubiera que hacer algo y, desde luego, hay que contener el gasto público, pero buena parte de la culpa de que las consecuencias estén siendo tan desastrosas para mucha gente antes perteneciente a las benditas clases la tiene usted. En primera persona.
Claro que hay que recortar, claro que hay que hacer muchas cosas, pero su insolidaridad ha sido manifiesta. No ha permitido la compra de deuda por el BCE para no «manchar» a la impoluta Alemania, no ha dejado que se ponga en marcha estímulo alguno hasta que ya parece demasiado tarde, no ha permitido nada de nada y, en cambio, ha fomentado que se recorte donde no se debe y que quienes hicieron mangas y capirotes con el dinero se vayan de rositas.
Siempre pasa lo mismo. Como ha habido fraude en determinadas ayudas a las energías renovables, nos cargamos las ayudas en lugar de vigilar que no haya fraude y, de paso, meter en la cárcel a quien se quede con el dinero de todos. A su debida escala, es lo mismo que Frau Nein ha hecho con Europa. Nos cargamos todo en lugar de hacer que paguen los que tienen que pagar.
Eso sí, luego, en plena precampaña electoral se nos llena la boca de palabrería lastimosa y aparentemente solidaria para quienes están sufriendo en sus carnes el desastre. No hay nada más insolidario que expresar una solidaridad que se desmiente con los hechos, pero nadie le dirá nada a Frau Nein. No se atreven.
Total, que las Bolsas europeas parecían hoy del verano pasado, o del anterior, o del anterior del anterior. Como si hubiéramos entrado en una suerte de túnel del tiempo. Y las caídas también fueron de las del año pasado, y de las del anterior y del anterior del anterior.
La diferencia estribó en que en Estados Unidos, donde optaron por otras políticas en las que también se han «pasado de rosca» y pueden pasar factura en el futuro pero que en lo que va de crisis se han demostrado más útiles para suavizar el efecto devastador sobre las clases medias, decidió tras un inicio titubeante que la cosa no iba tanto con ellos y Europa recortó sus pérdidas a la mitad.
De no haber sido así, a estas horas estaríamos hablando de derrumbe y, en cambio, parece que incluso podemos estar ante una buena oportunidad de cazar al vuelo rasante algunos valores interesantes. Ya veremos, dijo un ciego…
Al cierre, el Dax se dejó un 1,03%, el FTSE un 1,17%, el CAC un 1,08% y el Ibex un 1,56%.
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