»El movimiento independentista, más que catalanista, es antiespañol»

21/10/2013

Carmela Díaz. ¿Qué me atrae de Albert Rivera? Que invita a la acción. La mayoría pataleamos, despotricamos, maldecimos sobre la casta y los dinosaurios que llevan chupando del bote desde la Transición. Pero no actuamos.

carme

Fotos: Pablo Gil

Él ha dado un paso al frente, ofreciendo alternativa y batalla, con mayor o menor acierto. Ojalá surjan centenares, miles de Alberts Riveras a lo largo y ancho de España.

CD. En dos líneas ¿quién es Albert y qué es Ciudadanos?

AR. Soy un ciudadano libre, inquieto y crítico que piensa que nada es imposible. Ciudadanos es un instrumento al servicio de los españoles.

CD. La pregunta que se está haciendo toda España: ¿aspiraciones políticas a nivel nacional?

AR. Con treinta y tres años no puedo descartar nada. Yo estoy al servicio de España, pero soy consciente de que hay un problema importante en Cataluña y Ciudadanos se está convirtiendo en una alternativa de futuro, posiblemente, en la tercera fuerza política. Lo que pasa en mi tierra me preocupa y lo que ocurre en mi país también. Sé que las ideas de Ciudadanos gustan y pueden llegar a una mayoría de españoles. Pero ahora es importante dar soluciones a una parte de la sociedad catalana que estaba muy silenciada, desencantada y se está volviendo a ilusionar con lo que defendemos.

CD. ¿Se ha sentido discriminado por los medios de comunicación?

AR. En algunos momento sí, mucho. Ahora no. La verdad es que la cosa está cambiando. Hemos hecho un trabajo de hormiguita, de ir a todos los sitios, de hacer malabarismos para llegar a todas partes. El gran trabajo de nuestro equipo de prensa y de nuestros portavoces, ha conseguido que Ciudadanos se vea cada vez más. Pero hubo épocas muy duras. Siguen existiendo presiones porque los partidos políticos mayoritarios meten la zarpa, sobre todo en los medios públicos. Pero no quiero perder el tiempo quejándome, sino dedicarme a trabajar para transformar el país entre todos.

CD. ¿Cree en las encuestas? Se dice que en Cataluña aparece como primera fuerza política constitucionalista.

AR. Son encuestas y como tal hay que tomarlas, pero es cierto que ya son varias y además coinciden con los inputs que tenemos: número de afiliaciones, agrupaciones nuevas, respuestas y sensaciones de la calle, las redes sociales… Cuadra lo que dicen las encuestas con lo que estamos palpando. Los tiempos están cambiando: el poder de los partidos tradicionales y el dinero ya no lo es todo. Comienza a pesar mucho la ilusión de la gente y las ganas de cambio.

CD. ¿Es cierto que han intentado una alianza con UPyD y han sido rechazados por esta formación?

AR. Sí, es cierto y hasta en tres ocasiones hemos sido rechazados.

CD. Declaración unilateral de independencia, ¿farol, amenaza o posible realidad?

AR. Quiero pensar que es un farol. Estamos hablando de un golpe de Estado contra la Constitución. No creo que Mas o Junqueras lleguen a eso, aunque no pongo la mano en el fuego… Los nacionalistas amenazan con algo grave para que luego sea menos grave. Lo que concierne a España se debe cambiar desde dentro de España y no rompiendo España.

CD. ¿Se encuentra Cataluña en un camino de no retorno? ¿Qué se está haciendo mal en Cataluña respecto a esta realidad? ¿Y en el resto de España?

AR. Se están haciendo cosas mal en todos sitios. Artur Mas es un irresponsable metiendo a toda una sociedad en un callejón sin salida. Lo que no tiene retorno es la fractura social que se está generando. Sí tiene retorno el cambio político, un Gobierno leal con el conjunto de España, eso puede cambiar a medio plazo. Pero dividir a la sociedad catalana en buenos y malos, en “tú eres español” casi como un insulto, eso es más complicado. O dislates como el registro de buenos catalanes, prohibir grabar la serie Isabel, el cartel del torero Padilla, no poner pantallas para ver a la Selección… Es alucinante. Están obsesionados con España. El movimiento independentista más que catalanista, sobre todo, es antiespañol. No vamos a poner a un país patas arriba porque haya un colectivo que tenga problemas de identidad.

En el resto de España se ha hecho mal el confundir nacionalismo y CIU con Cataluña.  El Gobierno de España se tiene que preocupar del último pueblo de Cataluña tanto o más que de la Castellana. No pueden abandonar a su suerte a una tierra con siete millones y medio de españoles. Muchos nos hemos sentido como moneda de cambio, de trueque, carne de pactos. Ciudadanos nació por eso, para revelarse: PP, PSOE, basta, ya no me vendéis más.

CD. Usted afirma que en Cataluña se está perdiendo el miedo. ¿Por qué se tenía miedo, a qué, a quiénes?

AR. Se tiene miedo a que te señalen, a que en el trabajo te discriminen porque no eres de los suyos, a que no te den un contrato con la administración pública, a que a periodistas les dejen de llamar para acudir a tertulias… En Cataluña la política es ideología identitaria más que gestión. Si te sales de sus parámetros, eres sospechoso de todo. Sin embargo, en privado, muchos sí te reconocen su preocupación, su desacuerdo, su verdadera opinión. Gran cantidad de empresarios no hablan por temor a que se rescindan sus contratos, pero yo les advierto: ojo, que si callas ahora puede que ocurra lo que tanto temes.

CD. ¿Es tan dramático en la calle el día a día? ¿Reflejan la política y los medios la situación real?

AR. En Cataluña hay varias realidades. Una es la del día a día de los catalanes que tenemos los mismos problemas que el resto de España: paro, corrupción y partidos políticos. El problema viene cuando te opones públicamente a una serie de ideas. No hay espíritu crítico; en cuanto haces autocrítica de todo lo que se hace mal te sacan la bandera. Si comentas “esto no funciona, ese político ha robado, esta política no ha funcionado”,  te responden con un “eso es un ataque a Cataluña”. Además, en determinados zonas de Cataluña no puedes sacar una bandera que no sea la estelada o decir que quieres que tu hijo estudie en castellano.

CD. ¿Está a favor o en contra de que se pregunte a los catalanes y por qué?

AR. Estoy a favor de preguntar a los catalanes sobre todo lo que sea competencia de la Generalitat. Pero no a que los catalanes solos decidamos sobre las fronteras de España. Son competencias nacionales y solo el Gobierno de España puede convocar un referéndum votado por todos los españoles. Hay algo inmoral en esto: hacer creer que el paro, la economía o la corrupción se van a solucionar por levantar unas fronteras y cambiarnos el pasaporte. ¿Pero alguien puede creer eso? ¡Pues lo creen! La desidia del Estado, los medios de comunicación catalanes dando la matraca y la educación de adoctrinamiento durante más de treinta años, tienen la culpa de esta situación. Tengo amigos que se creen que los madrileños viven a costa de los catalanes y que existe una conspiración permanente contra Cataluña. El populismo hace mucho daño cuando hay caldo de cultivo. Tiene tela que los que han arruinado la Generalitat afirmen, que si tuviésemos un país propio, estaríamos mejor.

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