Este verano la lluvia de las Perseidas además de destellos estelares debió repartir polvillos misóginos por el firmamento. Y al ser aspirados por los humanos que pululan por este planeta provocaron reacciones trogloditas… De lo contrario no me explico las tontunas que he tenido que leer durante los primeros días del período postvacacional. A las ya comentadas declaraciones inauditas de esos machistas alcaldes que nos dirigen, ahora se suman las de nuestros entrañables vecinos italianos. Les explico: resulta que su ministra de Educación hizo topless en la playa y todavía retumban los ecos de semejante desvergüenza, osadía, descaro y desfachatez. Vamos, que en Italia no se habla de otra cosa.
Las corruptelas y choriceos de la clase política del país mediterráneo (casi tan aberrantes como los patrios) no suponen escándalo alguno, pero los pechos al aire de la señora Giannini, sí. Tuvimos que presenciar estupefactos cómo algunos descerebrados justificaban los incesantes putiferios de Berlusconi (y acólitos) o sus bunga-bunga con fulanitas de pago que bien podían ser sus nietas, mientras ahora crucifican a la ministra por mostrar las lolas durante su tiempo de ocio. Parece que para algunos gilipollas estafar a los ciudadanos, robar dinero público –incluido el de sus propios bolsillo- o corromper menores es peccata minuta frente a que una cincuentañera tome el sol como le plazca. Hablando de edad, el laurel a bobo del verano lo atesoran los que además la ponen a caer de un guindo por lucir anatomía con 53 años. ¿Qué pasa? ¿Qué solo pueden pasear en cuero picado las de 18? ¿Las modelos de Victoria Secret, tal vez? Tendríamos que recrearnos con los desnudos integrales de los Adonis que escupen semejantes sandeces. Señora ministra de Educación, vaya a la playa como le venga en gana y disfrute de sus vacaciones como más le provoque.
Luego va la miss nosequé y en el ejercicio de su libertad individual, en plena exaltación del amor y porque “le apetecía contarlo”, sube a las redes sociales una tierna imagen con su novia. Se arma la de San Quintín. Hasta en los telediarios lo comentan, oigan. El día que la orientación sexual de los españoles deje de ser noticia, habremos alcanzado la normalidad en ese terreno (sí, esa que tanto cacarean algunos sobre el papel, pero luego contradicen con alborotos descomunales como este). Las perlas de comentarios al respecto también se las traen: que si vaya desperdicio de chica -como si las lesbianas solo pudieran tener un físico tipo guardiana de las puertas del averno: hay que joderse con los tópicos y con el imaginario colectivo-, que si esa tipa lo que necesita es un maromo hispánico -a ver, gallitos de la manada, resulta que a determinadas señoras el cuerpo masculino les produce repulsión y lo que viene siendo una buena verga no les pone en absoluto.
En fin, chicas, que sigáis disfrutando de ese amor arrebatador y que seáis muy felices. Lo demás y los demás, sobran. Por cierto a mí me gustan los hombres. De cultivado intelecto, formas impecables, gustos refinados, cariñosos, generosos y con un extraordinario sentido del humor. Ahí queda eso. Casi na… Es que yo, aunque hetero, también tenía ganas de contarlo.

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