La crisis desatada por el coronavirus presiona sobre los salarios. El objetivo de un salario mínimo de mil euros pactados en convenio se aleja. Además, otras figuras como el subempleo, el trabajo por horas que esconde muchas veces jornadas más largas, comienzan a asomar las orejas. Y dificultan la negociación de los sindicatos, que deben renovar en plena crisis los objetivos del pacto marco.
El objetivo del salario mínimo de 1.000 euros por convenio se aleja. Los sindicatos pactaron con los empresarios la llegada en 2020 de este salario mínimo por convenio. Pero ahora, cuando el coronavirus azota la economía en forma de paro y precariedad, los sindicalistas no ven con fuerzas de mantener su apuesta. Y atisban que habrá sectores y empresas donde será necesario retrasar los objetivos salariales.
Así lo ha admitido hoy Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), tras advertir, eso sí, que se debería evitar a toda costa un proceso de devaluación salarial como el iniciado tras la crisis de 2008.
Paralelamente, en un informe sobre negociación colectiva de CCOO que cita la agencia Europa Press, el sindicato reconoce que, en materia de salarios, la crisis obligará a posponer el objetivo de que ningún trabajador cubierto por un convenio colectivo trabaje por menos de 1.000 euros al mes en España por una jornada completa, y en catorce pagas.
El informe recuerda que los sindicatos CCOO y UGT pactaron con las patronales CEOE y Cepyme un Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva, el cuarto de los últimos años, donde, además de marcarse el ritmo anual de subidas para entre 2018 y 2020, se estipulaba que el presente 2020 sería el momento de implantar este salario mínimo de mil euros por convenio.
No parece que vaya a ser así. “No podemos hacer tabla rasa para el conjunto de la negociación”. “Debemos analizar las distintas situaciones”. Y situar “en el horizonte los objetivos marcados por el IV AENC para este año”, reza el informe.
En otras palabras, el sindicato aceptaría “aplazar” las subidas salariales recomendadas – de un 2%, ampliable al 3% en función de objetivos para este año – en aquellos sectores y empresas que estén pasándolo mal.
Eso, sí, este aplazamiento de los compromisos salariales pactados “no debería conducir a congelaciones salariales ni a descuelgues [de convenios] indiscriminados”, advierte el informe; ya que, en opinión del sindicato, una caída generalizada de salarios “no sería beneficiosa para el país”, apuntó también Sordo hoy, tras llamar en cualquier caso a la patronal a abordar en la segunda mitad del año la renovación del gran pacto salarial.
Una nueva subida, del 5’2%, del salario mínimo
La subida del salario mínimo se torna un terreno especialmente peligroso. Tras las últimas protestas del campo derivadas de la subida el pasado febrero del 5,5% hasta los 950 euros en catorce pagas del salario mínimo interprofesional (SMI), y sobre todo después de la subida un año atrás del 22,3% en esta referencia, hasta los 900 euros, a nadie se le esconde la dificultad de negociar un nuevo incremento del 5,2%, aunque en esta ocasión se hable de una segunda referencia, como es ese salario mínimo por convenio negociado en 2018 por los agentes sociales.
Actualmente el SMI se sitúa en 950 euros mensuales; por lo que elevar ese salario mínimo de convenio hasta los 1.000 euros supondría un alza del 5,2%, que los empresarios y los sindicatos deberían pactar en principio en la recta final de este año, si quieren cumplir con la letra incluida en este IV AENC, rubricado en 2018 y que ahora se debe renovar.
Cerrar la puerta al subempleo
Pero además, en las huestes sindicales, preocupa y mucho, la manera en que el mercado de trabajo español reaccione a este crisis. A diferencia de la anterior, en esta ocasión, la paralización repentina y corta de la actividad ha sido enfocada con instrumentos como los ERTE o expedientes de regulación temporal de empleo, allanados por el Gobierno, con enorme coste para las arcas públicas, o la prestación extraordinaria para los autónomos que se vieron obligados al cese de su actividad.
Aun así, las primeras semanas de la pandemia, como un vendaval, se llevaron 900.000 empleos, de los que ya se han recuperado apenas 200.000; temporales en mayoría, al tiempo que han lastrado los contratos para la temporada veraniega, que suponen el sustento de millones de personas, y que este año, con el turismo en horas bajas, al menos en mayo, apenas han logrado despegar.
Ahora, en vísperas de que se conozcan mañana jueves los datos del paro y la Seguridad Social, empieza a calar en los sindicatos la preocupación de que la crisis se resuelva una vez más en términos de subempleo, es decir, con la celebración de contratos a jornada parcial, que sib luego muchas veces engordados con horas a veces ilegales, y que las personas se ven forzadas a aceptar.
Así lo ha advertido hoy el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), cuyo secretario general, Pepe Álvarez, ha alertado contra la tentación de las empresas de utilizar esta vía del subempleo para reparar sus maltrechas cuentas durante la recuperación.
“Parece que nuestro país sigue sin aprender la lección y la salida de la crisis se está realizando nuevamente en base a contratos temporales y de mala calidad, como ya sucedió en la crisis de 2008”, ha afirmado hoy, tras demandar a las autoridades que pongan el foco sobre el abuso de los contratos a tiempo parcial.
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