
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, tras la reunión del Consejo de Gob8ierno que aprueba la primera subida de tipos en 11 años.
Ayer, diarioabierto.es titulaba: «Los mercados no descartan que el BCE apruebe el jueves una subida de medio punto en los tipos«. Y apuntaba una de las claves de la primera subida de tipos aprobada por el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) en 11 años: las ‘palomas’ aceptaban un incremento mayor del anunciado, medio punto en vez de un cuarto, a cambio de que los ‘halcones’ (los más partidarios de una normalización de la política monetaria para doblegar a la inflación) transigieran con la herramienta anti-fragmentación para evitar una crisis de deuda periférica, en especial en Italia.
Su presidenta, Christine Lagarde, destaca que el Consejo de Gobierno alcanzó «un consenso» para elevar los tipos de interés en 50 puntos básicos, el doble de lo anunciado previamente, en respuesta a la evolución de la situación macroeconómica y tras alcanzar un acuerdo «unánime» para establecer una nueva herramienta antifragmentación.
«Decidimos que era apropiado dar un paso mayor en la salida de los tipos de interés negativos», pero siempre con la condición de contar con el Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés).
«Ambos elementos nos dejaron decidir una subida mayor de la señalizada en junio, por lo que al final de la discusión hubo consenso para subir los tipos en 50 puntos básicos», resume la presidenta del BCE.
Lagarde saca adelante su herramienta
El TPI es necesario para apoyar la transmisión efectiva y «sin problemas» de la política monetaria «a todos los países de la zona del euro». «Al salvaguardar el mecanismo de transmisión, el TPI permitirá que el Consejo de Gobierno cumpla con mayor eficacia su mandato de estabilidad de precios», subraya Lagarde.
Pero los ‘halcones’ también se han salido con la suya. El mecanismo antifragmentación no podrá emplearse para adquirir deuda de países que estén sometidos al protocolo de déficit excesivo, ni de aquellos bajo el protocolo de desequilibrios macroeconómicos.
El BCE tendrá cuatro mecanismos de elegibilidad para que el TPI pueda adquirir deuda de países. Y valorará si el país en cuestión tiene sostenibilidad fiscal, si la trayectoria de la deuda pública es viable teniendo en cuenta los análisis de la Comisión Europea, del Mecanismo Europeo de Estabilidad y del Fondo Monetario Internacional.
También deberá examinar si las políticas macroeconómicas del país son sólidas, si cumplen los planes de recuperación y resiliencia, y si se adaptan a las recomendaciones de la Comisión Europea.
El TPI se sumará a la ‘caja de herramientas’ del BCE y se activará para contrarrestar dinámicas de los mercados que sean desordenadas y amenacen a la transmisión de la política monetaria. El volumen de compras al amparo del TPI dependerá de la gravedad de los riesgos que tenga que afrontar el BCE, pero las compras no tienen ningún tipo de restricción. Las compras finalizarán cuando se produzca una mejora duradera en la transmisión de la política monetaria.
Además, la activación del TPI no podrá interferir con la política monetaria. Por ello, las compras se realizarán de forma que no se produzca un impacto persistente en el balance del Eurosistema ni en la postura monetaria del BCE.
El TPI comprará deuda en el mercado secundario emitida por entidades soberanas con vencimientos situados entre 1 y 10 años. En caso de ser apropiado, el BCE valorará si comprar también deuda corporativa.
Además de este nuevo instrumento, para combatir la fragmentación del mercado de la Eurozona, el BCE cuenta con la flexibilidad en las reinversiones de los vencimientos del programa de compras de emergencia ante la pandemia (PEPP) como «primera línea de defensa para contrarrestar los riesgos del mecanismo de transmisión relacionados con la pandemia».
Lagarde admite que serán necesarias más subidas de tipos, pero las decisiones se irán adoptando «reunión a reunión», siempre en función de los datos disponibles, y con vistas a cumplir el mandato de devolver la inflación al objetivo del 2% a medio plazo.
La economía se desacelera por el «lastre» de la invasión
Lagarde admite que la actividad económica en la Eurozona se está desacelerando como consecuencia del «lastre» que representa la guerra en Ucrania, del impacto de la alta inflación en el poder adquisitivo, las continuas restricciones de suministro y una mayor incertidumbre.
La prolongación de la guerra en Ucrania sigue siendo una fuente de riesgo significativo para el crecimiento, especialmente si el suministro de energía de Rusia se interrumpiera hasta tal punto que llevara al racionamiento para las empresas y hogares.
Después de que la inflación de la zona euro escalase al récord del 8,6% en junio, la presidenta del BCE reconoce que espera que ésta siga «indeseablemente alta» durante algún tiempo, debido a las continuas presiones de los precios de la energía y los alimentos, así como por el impacto inflacionistas de la depreciación del euro.
«Las mayores presiones inflacionistas también se derivan de la depreciación del tipo de cambio del euro», admite Lagarde, después de que la moneda europea llegase a caer por debajo de la paridad con el dólar la semana pasada.
Pero Lagarde vende optimismo: los costes de la energía se estabilizarán y los cuellos de botella en el suministro se aliviarán, lo que, junto con el inicio del proceso de normalización de la política monetaria, facilitará el regreso de la inflación al objetivo del BCE (2%). Aunque la presidenta del BCE también se cura en salud: «los riesgos para las perspectivas de inflación continúan siendo alcistas y se han intensificado, particularmente en el corto plazo».