El 20 de diciembre pasará a la historia por unas elecciones generales en la que prácticamente todos se dan por ganadores cuando, en realidad, todos han perdido. Pirro, como ya sucedió en las autonómicas del 25 de mayo, ha vuelto a ganar las elecciones. El PP ha vuelto a obtener una victoria pírrica. Y Mariano Rajoy debería aplicarse lo que Pirro, rey de Epiro, dijo tras ganar una batalla sobre los romanos y sufrir la pérdida de miles de sus hombres: “otra victoria como ésta y volveré solo a casa”.
La reacción de la Bolsa a los resultados del 20-D muestra el temor de los mercados a que haya que ir de nuevo a las urnas dentro de 2 meses, como ya pronosticaban algunos analistas y, como contamos en diarioabierto.es el mismo día de las elecciones.
Aunque no haya nuevas elecciones, en España se instala, salvo mayúscula sorpresa, la inquietante sombra de la ingobernabilidad. Que es lo que más asusta a los mercados, a los inversores, a las empresas. El PP, por mucho que proclame que ha ganado las elecciones, sufre una severa fuga de votos y de escaños. Nunca antes en la democracia española un partido ‘gana’ las elecciones con tan escaso porcentaje de votos.
Tan duro ha sido el castigo, por esa legislatura de los recortes y de los ajustes, de dar prioridad a la reducción del déficit por encima de cualquier otra consideración, de ataques continuados a la sanidad y a la educación públicas, de castigar las pensiones, que ni siquiera un pacto (nada fácil, por cierto) con Ciudadanos le garantiza un Gobierno estable.
Tras el fiasco de Ciudadanos, que logra unos resultados muy por debajo de las expectativas por mucho que Rivera quiera abanderar el nuevo centro político, el fin del bipartidismo y la segunda Transición, el PP, de nuevo, queda en manos de los nacionalistas.
Los únicos que podrían dejar a Rajoy en La Moncloa y ahorrarle una frustrante mudanza. Pero con la Convergencia de Artur Mas lo tiene más que complicado tras la mala gestión que ha hecho el PP del asunto catalán y porque habrá que ver cómo termina Cataluña (donde es probable que haya que ir de nuevo a las urnas). Y el PNV, sin un discurso tan soberanista como los catalanes, no parece estar por la labor tras cuatro años de recentralización, de ataques a las autonomías no gobernadas por el PP.
Además, el mensaje de las urnas en el País Vasco (donde Podemos ha dado una sorpresa, lo mismo que en Cataluña) y en el resto del Estado español no apunta en esa dirección.
El PSOE, que bastante tiene con aguantar como la otra gran fuerza nacional en esa segunda Transición que se abre tras las elecciones, también lo tiene muy difícil para llegar al poder y, sobre todo, para mantenerse en él. Necesita poner de acuerdo a grupos muy distintos: desde las diferentes ‘franquicias’ de Podemos, a ERC, PNV, IU, y un largo y complicado etcétera. Y pagar ‘peajes’ que atentan a sus propias esencias ideológicas.
Desde sus propias filas ya están lanzando advertencias a Sánchez: el PSOE no debe gobernar a cualquier precio.
Es cierto que en Portugal se ha conseguido. Pero nunca antes en España ha gobernado un partido que no ha ganado las elecciones generales (sí ha sucedido en autonómicas y locales). Y además el PP bloquea cualquier posibilidad de reforma constitucional (que requiere 176 diputados) y tiene la baza de la mayoría absoluta en el Senado.
Cosas más raras se han visto en política, pero ahora mismo parece de ciencia ficción un Gobierno presidido por Pedro Sánchez gracias a los votos de todos los partidos (salvo PP y Ciudadanos), con contrapartidas que van a dividir no sólo a su propia organización sino también a su base electoral, sin posibilidad real de hacer grandes cambios en la legislación básica (por el bloqueo que, sin duda, ejercerá el PP), y con el Senado controlado por la derecha.
La otra opción que garantizaría la estabilidad del Gobierno, una coalición entre PP y PSOE (suman 213 escaños en el Congreso), se antoja todavía más complicada, porque no es el mensaje que los españoles han emitido en las urnas, y porque llevaría a la tumba política a unos y a otros. Solamente parece viable en una situación de emergencia nacional, que ahora mismo no se vislumbra.
Así que prepárense, porque vienen días de muchísima incertidumbre, y a lo peor hay que volver a votar dentro de dos meses.
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