Descomposición de una relación

05/06/2020

Miguel Ángel Valero. Santiago Velázquez opta en "Las fisuras" por el monólogo para contar la historia de Pablo Ferrand y Amaia Suanzes, que "llevan once años casados y veintiséis juntos, desde que se hicieron novios en el instituto".

El monólogo no es un género fácil. Pocos han triunfado con él. Apenas Miguel Delibes con «Cinco horas con Mario». O Faulkner, «Mientras agonizo». Sin olvidar el de Molly Bloom en el «Ulises» de James Joyce.

Por eso sorprende que Santiago Velázquez, que ha demostrado el dominio de varios registros en su ya larga trayectoria («Huéspedes del olvido», «Todos los hombres que nunca seré«, «La condena de Salomon Konick», «La extraña ilusión«, «Viaje de invierno«, «Soñaré en tus manos«, «Culos«, entre otras obras), haya optado por el monólogo para contar  la historia de Pablo Ferrand y Amaia Suanzes, que «llevan once años casados y veintiséis juntos, desde que se hicieron novios en el instituto».

Santiago Velázquez sale airoso del envite, con una literatura exigente (el lector necesita hacer un esfuerzo notable para seguir la historia), sin contemplaciones. Hace un relato duro sobre el amor y la vida, en definitiva sobre la memoria, con amargos reproches y duras palabras que sobresalen entre los escasos momentos felices.

«La verdad escuece como una herida abierta», escribe Pablo Ferrand en su obsesivo monólogo.

Se pregunta «por qué no hemos aprovechado la vida de verdad». Y se contesta: «tengo la estúpida sensación de que hemos malgastado el tiempo, de que hemos lapidado nuestras vidas y no hemos sabido disfrutarlas».

También tiene claro que «el lenguaje es un tirano y nos ancla a lo dicho con cadenas que arrastramos pesadamente por la cárcel del pensamiento». «Hay palabras que uno quisiera haber pronunciado, como si con eso se hubiera podido evitar el descalabro, como si esas palabras dichas en el momento preciso hubieran contenido la ruina y el deterioro».

Pero «en unos instantes la memoria cesará y todo habrá terminado para siempre, y nosotros nos quedaremos aquí, también aguardando a que algún día toque nuestra hora».

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